Como sociedad, hemos permitido (y nos estamos acostumbrando a) que la frivolidad se profesionalice.
Estas últimas semanas hemos visto cómo lo banal es lo que se vuelve tendencia: en las pláticas, en el intercambio social con sus diferentes herramientas para expresarse; desde los medios tradicionales de comunicación –electrónicos e impresos–, hasta todos aquellos que inundan un ciberespacio cada vez más bipolar.


