
Hace unos días terminé de revisitar –literalmente hablando–, a Álvaro Mutis, uno de los mejores autores latinoamericanos que he leído (él es colombiano). Es difícil que alguien en México no conozca a Mutis, sobre todo después de que Octavio Paz no se cansó de elogiarlo cuando decía que Mutis era un poeta de la estirpe más rara en español: rico sin ostentación y sin despilfarro. Con una necesidad de decirlo todo y conciencia de que nada se dice. Con amor por la palabra, desesperación ante la palabra y odio a la palabra: extremos del poeta, decía Paz.


