Aprendí acerca del verdadero poder de la oración al practicar la Ciencia Cristiana.

Cuando era adolescente, viví un momento inesperado de consciencia espiritual mientras estaba acostado en la cama, muy preocupado por el diagnóstico de un médico. No estaba orando, pero de pronto fui consciente de una presencia divina que me amaba. Eso calmó mi preocupación y me llevó a una sanación física. En ese momento, era judío no religioso y quería entender cómo podía ocurrir esa sanación.

 

Cultivar una conexión con lo divino elimina sentimientos de impotencia y falta de propósito y satisface el apetito

Cuando mi esposa era una adolescente, comenzó a preocuparse mucho por su peso. Pero su madre le dijo que no se preocupara. ¿Por qué? Porque sabía que su hija era demasiado astuta como para dejar que su peso se saliera de control. Lo que eso significó para mi esposa fue que su madre le estaba recordando que tenía un entendimiento más profundo de su identidad como más que solamente algo físico. Había aprendido en la Escuela Dominical que era la hija de Dios y comprendió que los asuntos con respecto al peso tenían una dimensión espiritual. Podía demostrar lo que la Biblia llama “dominio” sobre sus circunstancias.

 

Lo lícito, lo legal –decía Ovidio en sus famosas “Metamorfosis”– me aburre, no me es grato; por el contrario, lo prohibido excita mi deseo.

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