
Sus ojos estaban pegados a la televisión, hablando como si estuviera conversando con los jugadores. Cuando surgía la oportunidad de hacer un gol, gritaba: “vete”, “adelante”. Ese era mi sobrino de 4 años mirando uno de los partidos de fútbol del Mundial 2014 en Brasil, aficionado a un equipo que ni siquiera era de su país.


