
Una simple pieza de escándalo mediático le puede dar al traste a seis años de un gobierno estable y hasta cierto punto con buenas cuentas.
No, no se confundan. Hablo de Harold Macmillan, Primer Ministro británico (de 1957 a 1963) quien, después de un gobierno de auténtica reconstrucción por la postguerra y partidario de “desenfriar” la Guerra Fría por su diálogo constante con el oeste –especialmente con Nikita Jruschov–, pudo controlar todo menos la doble moral de sus correligionarios del Partido Conservador, especialmente de su Ministro de Defensa, John Profumo, a quien tuvo que sacrificar (y con él al prestigio de todo su gabinete), debido al affaire que éste tuvo con Christine Keeler, una showgirl quien a su vez era amante del agregado naval soviético en Londres, Yevgeny Ivanov, quien actuaba como espía con la típica coartada de ser diplomático. Este affaire lo llevó magistralmente al cine Michael Caton-Jones en 1989 en una película llamada “Scandal” (por si gustan).


