
Dar a Obama lo que es de Obama y a Castro lo que es de Castro
En un balance general a primera vista, se puede concluir que la gira del Papa Francisco por Cuba y los Estados Unidos fue exitosa para todos los directamente involucrados.
Es claro que la caribeña isla está en un proceso de redefinición de sus alianzas globales, después de la profunda crisis en que se encuentra sumido el gobierno de Nicolás Maduro. Para nadie es un secreto que los petrodólares mandados por el difunto comandante Hugo Chávez, fueron un bálsamo para los hermanos Castro, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética.
Esta reinserción de Cuba en el Hemisferio Occidental, pasa por la reconstrucción de su relación con los Estados Unidos, lo cual, hace un par de décadas se antojaba imposible, sin embargo, el cambio en los equilibrios geopolíticos la posibilita y parafraseando al tango: siempre se vuelve al primer amor.
De acuerdo a las versiones más serias, los buenos oficios diplomáticos de Francisco en particular y del Estado Vaticano en general, fueron fundamentales para el reencuentro de Washington y La Habana, marginada quedó la Cancillería de México (que por su colindancia y relación histórica con ambas naciones, estaba llamada a ser la principal intermediaria), que a últimos años no se distingue por su sentido de oportunidad.
En Cuba, el Papa cuidó de no lastimar la susceptibilidad del régimen, no recibió a los disidentes y adujo que nadie los había buscado para ello. Tampoco criticó la falta de libertades, pero al menos logró una apertura oficial para las expresiones de la Iglesia Católica local. Sus palabras fueron “sutiles” refieren algunos analistas, habló de reconciliación y a que más podría referirse sino es a la reconciliación entre el castrismo y la comunidad cubana en Miami.
En los Estados Unidos, el pontífice fue recibido por Barack Obama y su mujer, en un gesto que se considera inusual, dio sendos discursos en el Congreso y en la sede de las Naciones Unidas, los cuales fueron muy celebrados.
Ante los congresistas estadounidenses, Bergoglio fue firme en su defensa de los migrantes y su condena a la pena de muerte, no obstante, no cayó en la grandilocuencia y sus conceptos fueron sopesados, volvió a recurrir a la sutileza.
En EU, para no meterse “en camisa de once varas”, evitó hacer una condena precisa al embargo que ese país mantiene contra Cuba, no obstante, su pronunciamiento en favor de los trabajadores migratorios fue una crítica embozada a las ideas del precandidato republicano Donald Trump, lo que marcaría el único momento en que el prelado rompió su protocolo discursivo.
En suma, Francisco dio una lección de que la política, en este caso la diplomacia, es el arte de lo posible, dijo lo que tenía que decir sin molestar mayormente a sus anfitriones…equilibro puro.
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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