El arte de amar; una interpretación

Última parte

El arte de amar-se, se explica como actividad propia, encaminada al desarrollo, al crecimiento personal, a través de una relación productiva con el mundo y con uno mismo, es un esfuerzo, una inversión de energía, de tiempo, un despliegue de paciencia, concentración, disciplina, un emerger en la individualidad, es dejar de lado la necesidad de recibir el poder protector e imperativo de la niñez para establecerlos en sí mismo, de la misma manera que se deja de lado la perspectiva de un Dios como una madre protectora y un padre que castiga y recompensa, para incorporar en sí mismo los principios del amor y la justicia, en la que se experimenta la unidad con Dios, en los actos.

Los intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que se procure del modo más activo desarrollar la personalidad total, implica renunciar al pensamiento infantil de saberlo todo, los amorosos “se ríen de las gentes que lo saben todo”, del así es, porque yo lo sé, al contrario, es autoconsciencia crítica, como actitud emocional de humildad que comprende que la explicación existente en el interior, no es una verdad total, absoluta, es sólo el significante personal para contrastarse, para revisarse con otra consciencia.

Ver la realidad exterior con la nitidez que se experimenta un sueño producto de nuestra mente, evidentemente no es garantía de objetividad; nuestra perspectiva inducida o como producto de nuestros intereses, preocupaciones o nuestros temores, es necesario repensarla, de la misma manera que tendremos que cuestionarnos la idea de juzgar nuestros actos según un criterio justificado y los de los otros reprobarlos con base a nuestras conveniencias o por los riesgos que representan para nuestra seguridad. Es aprender a confrontar la imagen que tengo, de la conducta.

Por ejemplo, el enojo como el fenómeno que aparece, como manifestación de la persona que sufre y no como una persona enojada, como el rayo que sólo es el efecto de otros procesos, que lo explican. Si bien la razón es necesaria para conocer al Otro, es insuficiente, se puede caer en una visión deformada sin reconocer las limitaciones de la mente humana; la misma ciencia no encuentra el origen del universo, del ser humano, de aquí el efecto, las personas encontramos la satisfacción en el mito, como una narrativa racional simbólica, como fuente de certidumbre; de la misma forma la lógica de la teología es el misticismo, así la consecuencia última de la psicología es el amor, solo de esta manera la realidad del amor es razonable, o dicho de otra manera, lo real es racional y lo racional real.

Es el amor la única forma de conocimiento que satisface la búsqueda, en el acto de entregarse, de penetrar en la otra persona, en el que, el ser humano se descubre, se encuentra a sí mismo y descubre a ambos y en general a los seres humanos. De esta manera si logro relacionarme sólo superficialmente encontraré diferencias con el prójimo, una visión más profunda encontrará identidad, o permitirá caer en cuenta que somos iguales, o igualmente diferentes, pero no diferencias esenciales, es identidad que no demanda exclusividad.

El amar es una decisión, una habilidad de no ver a las personas como un medio para nuestros fines, más bien como producto del amor fraterno indispensable para el amor de pareja, es decir, el amor erótico exclusivo, producto de una disposición, de la razón, de la esperanza, del coraje, de la fe -como una forma de convicción propia- que proviene de un ser, que afirman su propia vida, su libertad, crecimiento y paz interior, como efectos del cuidado, respeto, responsabilidad y reflexión de sí o autoconocimiento, que sale de sí, que se ve con los ojos del Otro.

El amor no es un huir de sí mismo, sí es un trascender-se, el reconocimiento a las personas como finalidades en sí mismas, no como objetos de apetencia, o instrumentos volátiles para un transitorio estado de exaltación, del que se sigue la insatisfacción, el aislamiento y el sentimiento de culpa. El amor niega la conformación, la fantasía del sentimiento pasado o el futuro, “los amorosos viven al día...” en el aquí y ahora, no aceptan la sumisión, la dominación o la posesividad, el amor es una actividad, un estar continuado, no es un arranque súbito, “los amorosos son los insaciables”, expresión de fuerza perpetuada, de riqueza, de poder que produce amor, como intercambio de confianza, de pagar amor con amor.

El amor es posible cuando dos personas se comunican desde el centro de sus existencias, con la experiencia de su propio ser. El amor así es un desafío constante, no es la auto concesión infantil de la pereza, es un moverse, crecer, trabajar juntos, es experimentar-se desde la esencia de su existencia, en el conflicto y en la armonía, en la tristeza y en la alegría, en todas las experiencias del uno con el otro, del ser uno, consigo mismo.

Imagen: El Beso (Gustav Klimt) https://shre.ink/bUzW