La verdad para el poder político de la derecha -representada en México por el PRIAN y sus aliados- se sustenta en un proyecto humano idealista, se justifica en una comprensión del mundo sustentada en filosofías y en un conjunto de saberes o epistemes, que ven el poder político como dominación, lo que afirma la antidemocracia, la represión, los fraudes electorales, la mentira y el miedo como mecanismo persuasivo -recuérdese, el peligro para México o la actual “destrucción” del Poder Judicial-; argumentan en favor del egoísmo, como factor humano que conduce inexorablemente al bienestar colectivo, la libertad de mercado “guiada por el dedo de Dios” y, opuesta a esta libertad, el Estado; su concepción del ser humano, como esencialmente malo, “el hombre es el lobo del hombre”.
Asimismo, una antropología que permite al sujeto su autoconstitución: “pienso luego existo”; con una comprensión de la naturaleza en una relación sujeto-objeto, es decir, no se ve a la persona humana como naturaleza y en aras del aumento de la tasa de ganancia, la enferma, la destruye. La visión de la derecha, cree que la política goza de autonomía absoluta, su meta está al margen de la ética, se trata de priorizar el sistema político-económico, como un fin en sí mismo, al margen de las víctimas que produzca, pues para este pensamiento de origen europeo o colonial, “el fin justifica los medios”. Creen como verdad de “diosito santo”, que la evolución biológica se replica en la sociedad humana, la supervivencia en una sociedad de gente mala, se explica por la diferencia en la inteligencia, en la fuerza, en la capacidad de adaptación.
Con esa base en esa lógica, avalan la desigualdad social, el invento del racismo, como pretexto para “civilizar a los pueblos originarios”, entre otras arbitrariedades seudocientíficas, que están dirigidas a excluir, a someter, a no reconocer la dignidad de todas las personas, a las que se les ve como débiles, ignorantes, “huevones” (como diría el “sabio filósofo contemporáneo” de apellido Fox). Esas mismas diferencias en la “capacidad de adaptación social”, explican el clasismo, el machismo, la xenofobia, la homofobia, además de dar la pauta para las relaciones de dominación, explotación y violencia, pues al explicar la diferencia, se allana el camino para el abuso, pues todo acto de discriminación, agrede y violenta derechos fundamentales.
Es ese discurso producto de la persistente colonialidad, se asegura que la discusión ciudadana, entorpece la discusión racional, que el voto ciudadano para la renovación del Poder Judicial “corrompe”, a lo que se agrega la preocupación de la “casta privilegiada” de una sociedad informada, consciente de su poder político, que terminará por tiranizar a las minorías privilegiadas, ese “riesgo”, es la “razón” más que suficiente para que el Poder Judicial, sea defendido a ultranza por la derecha conservadora, como necesariamente contramayoritario, o sea, el Poder Judicial, para esa perspectiva, puede actuar contra las mayorías, particularmente si de lo que se trata es la defensa de las ventajas del grupo minoritario. Como lo son el negarse a pagar impuestos, sobornar impunemente a los juzgadores o proteger las fortunas mal habidas, como el caso del Secretario de Seguridad de Calderón.
En contraparte, para el pensamiento de izquierda que impulsó “el plan C”, el poder político es originariamente del pueblo, es el poder soberano, que delega a sus representantes la responsabilidad de gobernar con el pueblo, para el pueblo y en beneficio del pueblo, dicho de otra
manera, no se concibe un poder al margen de las mayorías, se trata de un poder delegado cuyo criterio de Verdad es la reproducción y mantenimiento de la vida y particularmente de la vida humana, por ejemplo el principio democrático en la familia, permite la inclusión de todos sus integrantes, favorece la integración, el sentido de pertenencia, el respeto para todos, entonces esta en favor del desarrollo emocional armónico, por tanto, la democracia, favorece la vida, es esperanza de bienestar, no castigo o miedo para controlar.
La arbitrariedad, de una estructura económica-política corrupta, que empobrece a la mitad de los ciudadanos o los excluye de la seguridad social, en aras de privatizar las pensiones en favor de unos cuantos, es una pseudopolítica o política de muerte. De la misma manera un Poder Judicial, que avala el saqueo de los recursos públicos, libera delincuentes y reforma arbitrariamente la Ley Federal del Trabajo -a través de jurisprudencias- para arrebatar prerrogativas y derechos de los obreros, está en contra del principio material o de vida. En la izquierda, la vida humana es el principio material, sin el cual, la política se transforma en politiquería, lo mismo sucede ante la falta del principio democrático y el principio de factibilidad (que ve las posibilidades de eficacia del acto político). La Verdad para la izquierda, no puede estar al margen de los principios. De aquí que el llamado a no votar del PRIAN y sus aliados, es la expresión reticente de la necropolítica que los explica, que los define. El ejercicio de votar, en última instancia es en favor de la vida democrática del país, de la vida del pueblo. ¡vamos todos a votar! Revisar: https://ine.mx/conoceles-practica-y-ubica/ Se vale llevar las propias notas.
