Tras los muros

Tras los muros

 

Mi ciudad, por ser la capital del estado de Veracruz, es sede del Congreso, también es cabecera municipal y continente de muchos edificios públicos, como los que albergan a las diferentes secretarías, direcciones, jefaturas, etcétera.

Esos edificios son, además de centros burocráticos y administrativos, símbolos del republicanismo en el que está basada nuestra forma de gobierno; es decir, son los edificios del pueblo, a donde éste acude a arreglar asuntos y trámites, incluso son, algunos, hasta sitios históricos que tienen fines turísticos y/o educativos, por tanto deberían de estar siempre disponibles para ser visitados por, precisamente, el pueblo.

Sin embargo, la brecha entre gobernantes y gobernados se va haciendo tan grande que los edificios públicos se han vuelto un reflejo de ello; y para muestra un botón: la legislatura local.

El recinto que más debería representar al espíritu republicano, el lugar en donde se dirimen los asuntos del pueblo, en donde se discuten las leyes y en el que los ciudadanos deberían poder entrar y salir es hoy en día un bunker, y tras sus muros llenos de alambres de púas nuestros diputados sesionan como escondiéndose de nosotros.

¿Los representantes del pueblo le temen a los que representan?, ¿ o será que, ya desde hace mucho, no representan los intereses de la ciudadanía y por eso se encierran a piedra y lodo?

Y como ese sitio público muchos otros. El palacio de gobierno estatal es una fortaleza de puertas cerradas permanentemente, al cual sólo se puede entrar con previa cita; el palacio municipal casi es lo mismo, las secretarías y los edificios judiciales por lo consiguiente. Y aunque los edificios en donde se sesiona o en donde se manejan los asuntos administrativos no son la institución en sí, porque eso es más bien un valor subjetivo que trasciende a la piedra y al concreto, el hecho de que los de adentro no dejen entrar a los que estamos afuera recrea perfectamente el divorcio entre unos y otros, e ilustra fielmente la manera en que los políticos han secuestrado al poder, alejándose de los principios republicanos y estableciéndose como una nueva monarquía.

Y quién crea que exagero sólo lea un poco de historia; las repúblicas se crearon para destituir los regímenes monárquicos que se solazaban dentro de los palacios, llenos de cortesanas, vicios y opulencia, y desde los que se miraba al pueblo morir entre la pobreza, el hambre y la sed de justicia.

¿Qué diferencia puede haber entre los reyes, viciosos y llenos de ínfulas, del pasado y nuestra actual clase gobernante? Aquellos antes y ésta ahora, dilapidaban recursos, se engolosinaban con el poder económico y político, y miraban al pueblo con desprecio, exhibiendo con obscenidad la riqueza mal habida conseguida a costillas de los impuestos de los ciudadanos. ¿Qué de diferente tendrá una manada de nobles hartándose de comida y vino en algún banquete en el pasado, mientras el populacho los miraba por los ventanales de los palacios, con la ostentación grosera de los hijos de los gobernantes y líderes sindicales en Facebook, por ejemplo?

Una barda llena de alambre de púas es nada si comparamos las enormes diferencias que nos separan, a gobernantes y gobernados, y que son, aunque los primeros no quieran darse cuenta, el motor de las protestas y el desánimo de la gente. Tarde se darán cuenta que las historias que se repiten raramente tienen finales felices.

Alejandro Hernández y Hernández
Comentarios, sugerencias o reclamos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Videos

Más Videos
Watch the video

Veracruz

Más Artículos

México

Más Artículos
alojamiento wordpress

Espectáculos

Más Artículos

Mundo

Más Artículos

Ciencia y Tecnología

Más Artículos

Deportes

Más Artículos

Salud

Más Artículos