Mexicanos al grito de hueva

Mexicanos al grito de hueva

 


Hoy impostados, mañana, quizá…imputados

Desde tiempo atrás, las fiestas septembrinas han sido un magnífico pretexto para hacer un homenaje al desmadre, entendido esto último en el mejor sentido del concepto: pasársela bien.

 

La “Noche del Grito” es una suerte de “Noche Buena” a la mexicana, eso sí, sin pavo, bacalao y sidra, por el contrario, harto pozole, tequila y cerveza.

Por la trascendencia histórica de esta celebración, llamó la atención la decisión del presidente Peña Nieto de suspender la cena en Palacio Nacional, que conmemora la gesta independentista, disposición a la que, al unísono, ubicado en el proscenio, se sumó el coro.

La justificación rondó en torno a la austeridad, el gobierno se tiene que dar el ejemplo “apretándose el cinturón”. Claro, dicho apretón no pasa por suspender las giras faraónicas ni dejar el uso del helicóptero para llevar al niño al kínder, uno solo de estos cotidianos movimientos, cuesta más que la dichosa cena.

En estos términos: ¿Qué se puede esperar de un régimen cuenta chiles?

Francamente nada. ¿Se podrían celebrar, en lo posible, los quince años de la heredera con mole de patas y pescuezos en lugar de muslos y pechuga?

La austeridad “a la mexicana”, es un acto retórico, una estrategia de populismo presupuestal (sí, populismo, esa palabreja que asusta a los tristes herederos de Adam Smith y John Stuard Mill y que se aleja mucho del concepto del Estado Bonapartista), que no tiene el mínimo impacto en favor de la economía de los ciudadanos.

Si el gobierno mexicano (y el coro, obvio) tuviera un verdadero interés  por ahorrar, hay otro mecanismos más efectivos que suspender la cena de 15 de Septiembre, de entrada, tendrían que estar tras las rejas todos los defraudadores del erario público que se cuentan por montones, mismos que patrióticamente celebran en Las Vegas, lugar al que llegan en vuelo privado.

Dice la RAE, fastos: “entre los romanos, especie de calendario en que se anotaban las fechas de sus fiestas, juegos y ceremonias y las cosas memorables de la república”…austeridad: “mortificación de los sentidos y pasiones”.

¿A qué jugamos?...una cosa es ser pobre y otra miserable.

Posdata: estamos más pendientes del traje que usa la señora que de la figura del Tlatoani…¡fail!

 

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