
Diálogo de altura entre legisladores: tenemos que censurar las redes sociales…mmmmm, ¿con qué pretexto?...fácil, por prescripción médica ¡son virales!
A partir de que las diversas redes sociales se consolidaron en el gusto de millones de personas en el mundo (al principio fueron vistas solo como un nuevo “entretenimiento”) y con ello se convirtieron en un instrumento de comunicación horizontal, políticos de toda laya han intentado regular el uso y contenido de las mismas.
En algunos países se han evitado la molestia de legislar y simplemente las bloquean arguyendo que son un peligro para la “seguridad nacional” y/o un mecanismo de “sedición social”.
En lo que toca a nuestro país, los gobernantes tampoco han estado exentos de “meter mano” en el referido tema. Destaca el caso de la ley que impulsó Javier Duarte para el caso Veracruz, misma que ante el alud de críticas y su evidente inconstitucionalidad, fue derogada por sus mismos creadores. Otro intento en el mismo sentido ocurrió en días pasados con la abortada ley Fayad.
En los dos eventos señalados, se argumentó que las iniciativas tenían como objetivo combatir los cíber delitos, pero en el fondo se percibía un inocultable tufo censor.
Pero ¿se han cuestionado sobre el origen de los intentos para descafeinar las redes sociales?
La respuesta es sencilla y se da a través del análisis comparado: a diferencia de los medios tradicionales, ya sean electrónico o impresos, los foros virtuales que nos ocupan son incontrolables. Veamos.
Meses atrás fuimos testigos de la “renuncia” (necesariamente a “fuerzas”), del otrora titular de la Conagua David Korenfeld, el motivo: por medio de las redes se mostró cómo usaba un helicóptero oficial para trasladar a su familia.
Si esa información hubiese sido captada por un diario o por una televisora, probablemente los responsables editoriales la podrían haber considerado una situación “anecdótica”…“intrascendente” y el asunto no hubiera pasado a mayores.
En México, los principales clientes de los medios tradicionales son los gobiernos en sus tres niveles, además de los poderes Legislativo y Judicial, así como los partidos políticos.
Así pues, bajo la premisa lopezportillista de: “no pago para que me peguen”, los medios verticales (con sus honrosas excepciones) ejercen una perniciosa auto censura con el fin de aplicar aquello de: “al cliente lo que pida”. Basta ver que las principales críticas al gobierno de Peña Nieto llegan del extranjero, acá, los poderosos líderes de opinión suelen quedarse mudos con frecuencia.
Ahí está el quid de la cuestión: en las redes nada queda oculto: ni la borrachera del magnate ni la del “ferras”, se organizan mentadas de madre colectivas, son globales, veloces, irreverentes y, hasta el momento, incontrolables. Eso es lo que irrita a los políticos, el fin de su zona de confort.
