
La lucha será entre dos dedos, el índice del “dedazo” y el pulgar ciudadano cubierto de tinta indeleble
Decía el legendario líder demócrata estadounidense Tip O’Neill, la política es siempre local (“All politics are local”), esto en referencia a que se tienen que privilegiar los intereses de los electores de la demarcación por la que se busque un puesto de elección popular.
Viene esto a cuento porque de cara a la renovación de la gubernatura de Veracruz el próximo año, hay un fragor de la clase política local, en el sentido de captar “señales”, provenientes de la capital del país.
Para el caso del PAN y PRD, se piensa que serán las dirigencias nacionales de esos partidos quienes decidan si ambos institutos políticos van en alianza y, en su caso, quién será el abanderado.
Por lo que corresponde a Morena, que se constituyó como la revelación en la entidad por el alto número de sufragios que obtuvo y por ganar dos distritos, nadie duda que será Andrés Manuel López Obrador el gran elector para designar candidato, además, el tabasqueño decidirá si van en alianza con otros partidos.
En lo que toca al PRI, pareciera definido, de acuerdo a las experiencias recientes, que tendrá un candidato en convenio con el PVEM, el Panal y otras opciones que podrían incluir a Alternativa Veracruzana y el PES.
También se sabe que será el presidente Peña Nieto, en concordancia con la restauración de la presidencia imperial, quien tenga la decisión final para elegir al “bueno”, eso sí, siempre considerando la opinión del gobernador Javier Duarte, que será el responsable, de facto, para entregar buenas cuentas a su partido.
Veracruz, después del EDOMEX y el DF, tiene el tercer padrón electoral más numeroso del país, alrededor de cinco millones de votantes, por lo tanto, ganar la plaza es fundamental para los que aspiran a ocupar Los Pinos a partir de diciembre de 2018.
En este sentido, la percepción que queda de todo este proceso, es que los interesados en ganar la gubernatura, sobre todo el “partidazo”, están más preocupados por “planchar” los acuerdos cupulares que por interpretar qué tipo de candidato es el que prefieren los ciudadanos.
Pareciera que, como en el México de la “dictadura perfecta” (como definió Mario Vargas Llosa las tradicionales contiendas de “un solo partido”), lo importante es lograr la candidatura y no importando quien sea, lo demás está resuelto.
Primero el programa y luego el candidato, dirían los clásicos.
Dicha visión demodé, incluso, da por descontado que los candidatos independientes que surjan, no constituyen una competencia real.
La pregunta es, ¿en realidad consideran que el elector es tan moldeable que partir del neuromarketing ganar la elección es pan comido?
Ya veremos lo que piensan los votantes, igual a más de uno le pasa lo que a “la lecherita”.
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Twitter: @javieroldan
