Lo que el salitre no ha podido, lo ha logrado la corrupción
En los últimos lustros, el estado de Veracruz ha estado sometido a una tragedia que pareciera incesante: gobiernos corruptos, ineficaces e impunes. Las consecuencias de este meteoro político-administrativo se dan en todos los ámbitos.
Viene a cuento el tema, porque al comentarse el decoroso papel de los deportistas mexicanos en los Panamericanos de Lima, Perú, no faltaron los panegiristas que atribuyeran dicha circunstancia a la 4T, es decir, el pueblo feliz, feliz, feliz, comienza a volverse ganador.
Es difícil encontrar indicadores que establezcan una correspondencia entre la buena gobernanza y los triunfos en las justas deportivas, en todo caso, lo que si influye en forma tangible, es el dinero destinado a los presupuestos de los distintos comités deportivos.
Sin embargo, la corrupción y la impunidad sí tienen un efecto directo en asuntos que parecieran ajenos a la esfera gubernamental. Es el caso del equipo de futbol profesional, los Tiburones Rojos de Veracruz, que están a un tris de adjudicarse el record del peor equipo de la historia, al acumular 32 partidos consecutivos sin ganar.
Del alemanismo a la fecha, dicho cuadro ha estado gestionado por todo tipo de entuertos, es un terrible modelo corrupción. Ahí están los resultados de la decadencia del sistema.
