El poder enloquece a los pendejos y los locos los apendeja más
Muy pronto se confirmaron los malos presagios que surgieron con el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil, el fascistoide personaje está convertido en un chivo en cristalería y sus hechos ya pasaron de lo anecdótico.
Empezó por desestabilizar la región con su amenaza de abandonar el Mercosur (muy al estilo de Donald Trump, por cierto), justo cuando Argentina pasa por graves problemas económicos. Al interior de su país, también se han generado escándalos de corrupción (se involucra a su hijo Flavio Bolsonaro) y las protestas sociales han ido en aumento.
Además, se inventó un conflicto con los países árabes, al pretender cambiar la embajada carioca de Tel Aviv a Jerusalén, aunque finalmente reculó.
Pero el colmo de todo es su desprecio por los temas de sustentabilidad ambiental, que iniciaron al plantear la retirada de Brasil del Acuerdo de París sobre cambio climático (otra vez el caminito de Trump), lo que ha sido secundado por la escasa atención que dedicó su administración a combatir las deflagraciones en la selva del Amazonas.
Sólo la presión internacional lo obligó a desplazar al ejército para sofocar los incendios, pero enojado por el activismo de Macron en estos menesteres, tuvo la bajeza de burlarse de la mujer del mandatario francés. Veremos cuanto tiempo lo aguantan sus paisanos.
