El arte de amar; una interpretación

El amor rechaza esperar a la persona de los sueños para amar -sería romantizar- el amor no es la suerte o el azar, como tampoco somos pintores por encontrar el objeto de inspiración; el amor es una facultad, una capacidad de crear, se aprende y desarrolla, como se asimila el arte de hacer una poesía -como los amorosos, de Sabines- demanda práctica, información, explicación, comprensión, saber de nuestro saber. El amor no es una unión simbiótica, no es sumisión ni dominio, aunque estos permitan escapar de la soledad eventualmente a la pareja masoquista; la necesidad de lastimar, humillar o explotar a otra persona es una manifestación de una capacidad de amar debilitada.

El amor maduro tiene como condición la individualidad, la capacidad de estar solo, preserva la integridad de cada uno de los integrantes de la pareja, es un poder activo, un afecto en el que se vive la libertad, es voluntad de afecto, no es impulso inconsciente provocado por un sujeto-objeto de motivación, no es una compulsión, no es impulso por la envidia, los celos, ni por ningún tipo de avidez; son dos seres que se hacen uno y paradójicamente, siguen siendo dos. El amor es indispensable, es una necesidad que nos humaniza, es la destreza para evitar la angustia del aislamiento, del estado de separación, en parte provocado por la exclusión en la decisión del nacer y del morir, de la desvalidez frente al mundo exterior amenazante, fuente de la angustia, de culpa, del deterioro de la autoestima -aflicciones cuya dimensión determina la magnitud de nuestra capacidad de amar-.

La separatidad es superada por la actividad creadora o por la más plena acción, la unión interpersonal; el aislamiento es vencido positiva pero temporalmente, por la reunión en rituales o cultos grupales, negativamente por trances inducidos por sustancias con potencial de abuso o prácticas como la sexualidad compulsiva, don juanesca, expresión de una masculinidad disminuida. El aislamiento, la separatidad es vencida por la fusión con otra persona, en el amor. El amor es activo se manifiesta fundamentalmente por dar, no por recibir. En el acto de dar, se experimenta la fuerza, la riqueza y el poder virtuoso, de dar de sí mismo, lo más preciado, da su propia vida, es decir, lo que está vivo en la persona, lo que produce amor, lo contrario es un amor impotente, que no ha superado la dependencia, el narcicismo, el deseo de acumular o de explotar a los demás. El que ama cree en las personas, tiene fe y coraje para buscar el amor.

No es el discurso que dice: la gente es mala y no merece, lo contrario, el amor demanda cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento, el amor maternal suele ser una evidencia del cuidado, si es completo, no sólo es leche, es miel, es enseñanza de amor por la vida, es la preocupación activa por el crecimiento de lo que amamos, el amor es un acto consciente de responder, significa estar listo y dispuesto, en eso consiste la responsabilidad, al que se suma la mirada, la conciencia de la individualidad única, el respetar y procurar el despliegue físico y sicológico sin excluir a nadie. El que ama respeta, ve dignidad en todas las personas, manifiesta en un continuo de comportamiento, la capacidad de amar al prójimo; la indiferencia simplemente es muestra de debilidad, de la facultad de amar, se ama al pueblo, a la humanidad, de aquí el dolor, la impotencia que causa el sufrimiento de las y los hermanos palestinos; se ama y nos sorprende la naturaleza, pues es belleza y condición de posibilidad para la vida.

El amor supera al enamoramiento pasajero, porque es razón y corazón; es también pensamiento que lucha por las necesidades materiales a las que ve solamente como un medio indispensable para

una vida humana digna. No es una orientación mercantil, aunque esta idea tenga tanta fuerza y considere el éxito material el valor predominante y en oposición considere locos a los que viven en y para el amor.

O como mejor lo dice Sabines: “los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato (...) viven al día, no pueden hacer más, no saben. Los amorosos son los insaciables (...) no esperan nada, pero esperan. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso que sigue, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -qué bueno han de estar solos-”. Solos porque el amor se explica como: autoamor, cuidado de sí, autorespeto, disciplina y condición de posibilidad de amar, es el ámate a ti mismo, la buena vibra, como manifestación de felicidad interna, la facultad de vivir el aquí y el ahora, de salir de sí, lo que es posible además por el conocimiento, pues la consciencia que se sabe, se ama.

Para mi amada María Carmen.

Imagen: Cúpido y Psique. Rodin 1905