Al Ing. César Yoshida.
Donde se encuentre.
Cuando tenía quince años, en el primer semestre del CBTIS 13 de Xalapa (que antes sólo era Cecyt), reprobé seis materias, entre ellas Ecología. Yo había llegado de la secundaría con un promedio aceptable: 8.9. Nunca reprobé una materia en la secundaria, ni siquiera un examen ordinario de modo que no tenía idea de lo que era un examen extraordinario. En el bachillerato me enfrenté al problema de reprobar seis materias; ¿por qué las reprobé? Quizá por la separación de mis padres en esa época o por la apatía, o por el gusto de ir a la escuela sólo para verme con mis amigos.
Cuando me dijeron que seis materias reprobadas era baja inmediata, entonces me preocupé. Y es que no se podían presentar más de tres exámenes extraordinarios por periodo y yo debía presentar seis. De hecho con cinco materias reprobadas estaba fuera.
Fue entonces que por primera vez pensé que tenía que hablar con alguien. En aquel tiempo el director del plantel era el Ing. César Yoshida, un hombre grande que parecía peleador de sumo, pero que en el fondo era bastante serio y bondadoso.
Supuse que las palabras tenían una fuerza mágica. Mis lecturas de Poe y de Borges ya estaban haciendo de la suyas en mi imaginación. Me aferré a esa idea. Me pasé tardes enteras pensando que debería haber una combinación exacta de palabras, precisa, casi mágica, que de pronunciarlas conseguirían que el ingeniero Yoshida se conmoviera y me dejara presentar los primeros tres exámenes extraordinarios y el resto en una segunda oportunidad.
Una tarde, cuando ya los alumnos se habían ido y sólo quedaba en la dirección el ingeniero y Martita, la secretaria, me llené de valor y flaco, con el pelo abundante me apersoné en su oficina para hablarle. Llevaba unas cuantas palabras ensayadas que me habían costado varios desvelos. Era yo pequeño, David enfrentado al gigante japonés Yoshida. Me recibió, le llamó la atención mi estatura, mi delgadez, preguntó que se me ofrecía y me solté a decir palabras.
Las palabras lo contienen todo. Mueven, logran que las cosas avancen y las detienen. Las palabras no son sólo sonidos, son significados que en la mente precisa logran que el receptor pueda tomar una decisión. Las palabras revelan, hacen patente los secretos, rompen el silencio y convierten la voluntad en hechos. Las palabras no brotan sólo de la boca, fluyen desde nuestro interior y pasan por el corazón y la mente, por eso van impregnadas de sentimiento y razón. Las palabras mueven montañas, abrieron el Mar Rojo, resucitaron muertos, perdonaron pecados y consiguieron en el principio de los tiempos que se hiciera la luz.
Ahora lo sé, antes lo intuía y por eso me gusta contar la historia del adolescente que enfrentado a un dilema optó por las palabras.
Después de las palabras que le dije a Yoshida, salí de su oficina con un trato en la mano. Me dejaría presentar los tres primeros exámenes en extraordinario y los siguientes en segunda oportunidad. Pero si reprobaba uno solo de los exámenes, me dijo que ni siquiera me presentara en su oficina. Esa fue su última palabra.
Ahora entiendo que esa sentencia final del Ing. César Yoshida era una precaución que se tomaba para él. No me quería otra vez en su oficina si reprobaba uno de los exámenes, porque seguramente yo habría de encontrar nuevamente las palabras precisas para convencerlo de que me diera otra oportunidad; pero no hubo necesidad de eso. Pasé los primeros tres exámenes y en segunda oportunidad los otros tres.
Desde ese día siempre he creído en el poder mágico de la palabra. Desde ese día la palabra siempre ha sido mi instrumento, mi herramienta. Escribo porque me gustan las palabras. Y sé que la gente gusta de leer mis palabras porque a ellos les provoca soltar palabras.
Tal vez por esas experiencias y otras más, siempre buscó las palabras precisas. Ante una discusión creo en el poder de las palabras y aunque me tachen de cobarde las prefiero a los golpes. La palabra, como dijera Octavio Paz, me inventa y yo la invento a ella y juntos copiamos el mundo y cuando no nos gusta lo inventamos y entonces hacemos literatura.
“Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”. Octavio Paz.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.