"Aquí pensaban seguir
ganando el ciento por ciento
en casas de apartamentos
y echar el pueblo a sufrir”.
Carlos Puebla
Hace algunos meses la voz de los agoreros oficiales me causaba mucha indignación. “Esta elección –decía el estúpido de Leo Zuckermann- ya está decidida”; “Sin duda Enrique Peña Nieto habrá de ser el próximo presidente de México”; “Nuevamente la alternancia se dará en este país”; “López Obrador ya no levanta ni con un milagro”.
Su intención por supuesto era conseguir que las personas indecisas creyeran que no había que pensarle mucho, ¿para qué dar su voto a otro candidato si el ganador, dos meses antes de la elección, ya era Peña Nieto?
Pero no contaban con los jóvenes. Tradicionalmente a los jóvenes se les acusa de apáticos; poco les interesa la política porque saben que los políticos poco se interesan en ellos.
En una encuesta que mis alumnos de la clase de Géneros Periodísticos hicieran, unos meses antes de la Primavera Mexicana, los resultados mostraban que esa apatía estaba ahí. Una buena parte de los jóvenes no tenía decidido por quién votar y mucho menos no sabían ni a quién despreciar. Algunos de ellos a la pregunta, ¿para qué crees que sea útil tu credencial de elector?, respondieron que para trámites legales. Sólo algunos recordaron que la credencial de elector era un instrumento para elegir a nuestros gobernantes.
Sin embargo sí había por ahí un germen de inconformidad. Algunas de las respuestas a las preguntas planteadas señalaban que había en algunos jóvenes un activismo individual, unas ganas de cambiar las cosas. Lo hablaban con sus amigos, lo subían a su muro en el Facebook, lo comentaban con algunos de sus maestros. Ahí estaban, se sentían solos. Se pensaban pocos. Sólo hacía falta que alguien, o algo, prendiera la mecha.
Y la mecha se prendió. A una pregunta extraordinaria (la sesión ya había terminado en la Ibero), el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, tomó la costosa decisión de responder a una chica que estaba gritando, exigiendo una respuesta a su reclamo sobre la represión en Atenco. No le había ido mal a Peña Nieto en la Ibero. La Ibero no era la UNAM, ni la UAM, la Ibero no estaba llena de “pendejos de la prole” como diría su hija Paulina, la Ibero era una escuela de niños bien. Quizá por ello se envalentonó y respondió con entusiasmo, cinismo y temeridad. Hizo alarde de la decisión de mandar a la fuerza pública a reprimir a las personas. Mintió al decir que la Suprema Corte de Justicia había avalado su decisión. Se mostró como el gran responsable sin tomar en cuenta que en esa represión murieron personas, entre ellas un adolescente y varias mujeres fueron violadas. Esa fue la mecha que prendió la indignación.
Los jóvenes que lo esperaban, que no habían podido entrar al recinto porque lo llenaron de acarreados priistas, lo estaban escuchando afuera y se llenaron de indignación, por eso, cuando salió, le mostraron su repudio. Lo corrieron, fotografiaron su miedo, filmaron su huída y lo subieron a las redes sociales.
A partir de ahí se dieron las grandes movilizaciones que no se detienen y por ello hasta Televisa ha debido de aflojar; por ello hasta los más nefastos comunicadores se han puesto del lado de los jóvenes. Esos comunicadores de súbito se han dado cuenta que son demócratas, que siempre han estado del lado de esos que antier llamaron rijosos y acarreados. Celebraron que salieran a la calle a manifestarse, pero los muy pendejos no reparaban en que sí los jóvenes habían tomado la calle era para repudiarlos a ellos, los medios informativos vendidos que habían construido su ídolo de barro que está a punto de desmoronarse.
No reconocen, nunca van a reconocer que se equivocaron, que subestimaron la fuerza y el entusiasmo de los jóvenes. Pensaron que los tenían bien entretenidos con sus telenovelas y sus sabadazos; con sus academias y sus “Pequeños gigantes”; con su “Bailando por un sueño” y “Soy tu doble”.
Ahora esos agoreros se tragarán sus palabras y no les va a quedar de otra que buscar argumentos para justificar un fraude que se está fraguando, pero otra vez, en su estulticia, no van considerar el factor joven; los jóvenes no van a dejar que les impongan un presidente de barro, sin cabeza y sin pies.
Ellos pensaban seguir saqueando, como dice la canción de Carlos Puebla: “Aquí pensaban seguir/jugando a la democracia/y el pobre que en su desgracia/se acabara de morir;/y seguir de modo cruel/sin cuidarse ni la forma,/con el robo como norma…” y entonces llegaron los jóvenes.
¡Pobres agoreros pendejos!
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
