El día primero de julio por la noche, conectado en las redes sociales y al tiempo que en los medios oficialistas cantaban la “indiscutible” victoria del candidato Peña Nieto, basados en las encuestas de salida, llevadas a cabo por las encuestadoras de siempre, uno de mis alumnos de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la universidad IVES me preguntó por el chat: “¿Qué pasa profesor? ¿A quién creer en las encuestas?”
Le señalé desde mi punto de vista que el golpe había sido asestado. Entonces, como si estuviera escuchando su angustia me dijo algo que logró que el corazón se me arrugara: “Créame que me entristece y me repugna el hecho de saber eso. Me nace un coraje, un nudo en el estómago, quisiera llorar al saber que estamos cegados”.
Me sentí en la obligación de brindarle un poco de consuelo y le dije que a partir de este momento deberíamos buscar cambiar las cosas, recuperar el poder para cambiar las cosas. Entonces me preguntó: “¿Habrá Revolución? ¿Estamos preparados?”
Me preocupé, ¿cómo contestar a esta pregunta? Decidí pasarle unos párrafos del artículo que ya estaba escribiendo y en donde señalo que la Revolución debe empezar en nosotros, en el cambio de nuestras actitudes: “La parte más importante es el cambio que podemos realizar en nosotros. Vamos a demostrarles que lo que más vale de México son los mexicanos. Vamos a ser mejores ciudadanos. No necesito hacer una lista de las cosas que debemos cambiar. Cada uno de nosotros sabe por intuición en qué está actuando de manera incorrecta o ilegal. Vamos a dar un giro a nuestras actitudes, eso es una Revolución, una verdadera Revolución, hacer que las cosas cambien con el poder que nos confiere nuestra voluntad”.
“Entonces empecemos”, anotó entusiasmado. Su actitud cambio, me dijo que iba a buscar unos pasajes en la Biblia que su madre le había comentado. Se despidió: “Profe le doy las gracias por su apoyo en nuestro salón, sus ganas de enseñarnos”.
Creo que por la pasión adulta que le hemos puesto a esta contienda electoral, por las ganas que tenemos de que nuestro candidato ganara, nos hemos olvidado de los jóvenes. Ellos se están dando cuenta de cómo manejamos las cosas los adultos. Ya tienen muy claro en su léxico la palabra fraude. Ya saben lo que es un mapache electoral. Están asombrados de que la gente pueda vender su voto por una tarjeta de Soriana que no tiene 500, sino sólo 100 pesos y en algunos casos nada. Ya saben de los medios vendidos, ya aprendieron a repudiar y en esa materia todos han salido aprobados; nosotros reprobados.
Unos días antes de la elección solicité a mis alumnos que para la materia de Géneros Periodísticos escribieran un artículo de opinión sobre su experiencia el día de las votaciones, dado que para ellos era su primera elección presidencial.
He aquí algunas de las frases que encontré:
Romualdo: “Gente sin escrúpulos merodeaba la ciudad para llevar a cabo su delictiva operación, el acarreo de gente para que votasen por el PRI asegurando que les darían dinero y algunos artículos”.
Rey Roberto: “¿Ganó México? ¿Qué ganamos? ¿Un retroceso democrático? ¿Otra burla de la oligarquía política? ¿Ahora qué sigue? ¿Qué dirección debemos tomar? ¿A dónde queremos ir?”
Josselyn: “No me avergüenzan los analfabetas que votan por el PRI, pues las despensas y las tortas les calman el hambre. Me avergüenzan los ignorantes, jóvenes y grandes que teniendo acceso a la información votaron por semejante barbaridad”.
Ingrid: “Aún no tenemos un resultado exacto, sólo una idea de quién podría ser el presidente de la República, sólo son resultados preliminares y la desconfianza crece aún más”.
Adalí: “A estas alturas la mayoría de los ciudadanos ya estaba conscientes de que así sería el proceso electoral, lleno de fallas y fraudes obvios”.
Adriana: “Vendrán levantamientos, diferencias, golpes y México se convertirá en una jaula de caníbales esperando el pedazo de carne sazonado con un poco de democracia”.
Noreli: “Es triste ver cómo han vendido a México. Los jóvenes estamos gritando dignidad, justicia y democracia. No quiero depender de la ineptitud, no quiero depender de la ignorancia, no quiero depender de un gobierno ilegítimo, no quiero vivir arrodillada, sólo quiero ser libre y estar preparada en un mundo competente”.
Jetiziani: “Desgraciadamente este acto de ‘democracia’ se embarró una vez más de basura y estiércol político”.
Esta es la voz de una generación, es la voz que se repite de unos jóvenes que han recibido este golpe, semejante a los jóvenes del 68 que además recibieron balas.
Y no se trata de enseñarles que en un régimen democrático hay que aprender o a ganar, como algunos cínicos (cínico viene de perro) andan pregonando.
Estos son los despojos que estamos dejando a nuestros jóvenes. Una democracia convertida en “haigasidocracia”, es decir, les estamos enseñando a ganar a como dé lugar, al “haiga sido como haiga sido”, pasando por encima de las reglas del juego, pisoteando la dignidad de las personas, mintiendo desaforadamente; empeñando el futuro, que les perteneces, ese futuro tan anunciado, tan prometido y que nosotros les estamos entregando con ropajes de pasado.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
