Los resultados de las pasadas elecciones del primero de julio no dejaron en buena posición al PRI en Xalapa. Los operadores políticos de ese partido vivieron un conflicto de intereses teniendo que apoyar al candidato presidencial, a la fórmula para senadores y al candidato Reynaldo Escobar. Dicen las malas lenguas que en su afán por jugarle a las contras al candidato por Xalapa urbano se les pasó la mano y se llevaron de largo tanto al candidato presidencial como a la fórmula para el Senado.
Pero eso no es cierto. Porque la voluntad de los xalapeños, gente culta o al menos informada, no está supeditada a los esfuerzos de unos cuantos. Y mucho menos cuando algunos de esos cuantos, en vez de operar, se embolsaron los recursos que les había asignado para el acarreo.
Como delincuentes electorales resultaron mejores ladrones. Y ya lo dice el dicho, “ladrón que roba a ladrón…”. Por ahí ya están sacando los trapitos al sol, ya están filtrando los datos y los nombres de quienes tienen sobre los hombros la cabeza que habrá de rodar en los próximos días. Ya cayó por ahí la del bien llamado “zopilote negro”. Un sujeto que en la mirada carga el sino de su ineficacia.
Ya irán cayendo los demás. Al parecer no es el gobierno del estado quien está más interesado en llevar a cabo esta purga, sino los poderes del centro, que ante los resultados negativos en Veracruz, piensan poner orden y dar un escarmiento a los traidores para dejar en claro que los tiempos del presidencialismo volverán.
Sin embargo la capital del estado se enfrenta a un dilema que habrá de resolverse tarde o temprano. ¿Quién será el candidato del PRI para las siguientes elecciones de alcalde? Alcaldes que habrán de gobernar cuatro años. Todo apunta a que uno de los candidatos es, sin duda Américo Zúñiga, quien en las pasadas elecciones tuvo que ser relegado a una diputación local ante el amago de Elizabeth Morales por jugar al puesto de alcalde por otro partido. Pero no las tendrá fácil Américo y es que seguramente la alcaldesa tendrá a su propia candidata, y decimos candidata porque conociendo la aversión de ésta a los hombres, no se le imagina apoyando a un varón.
Por otro lado está la situación en que quedó Xalapa después del primero de julio. Las votaciones por el movimiento de las izquierdas casi doblaron en número de votos a los candidatos priistas. Xalapa en los últimos años se ha mostrado como una capital que rinde su voto a un candidato y no a un partido, lo que indica que más que el partido, en las próximas elecciones lo que importará será el candidato.
Ya por ahí se habla del regreso de Ricardo Ahued, quien conservó su buena imagen también como diputado. Ya por ahí se habla de que Elizabeth, sin importarle haber tenido una derrota contundente, sólo podría apoyar a Erika Ayala, quien ni xalapeña es; ya por ahí otros tiradores levantan la mano, sabiendo que si bien no tienen posibilidades de aspirar a la alcaldía, al menos podrían alcanzar una regiduría. Ya por ahí se habla de que el mismo Uriel Flores, quien obtuvo una votación inusitada podría pedir licencia temporal a la diputación federal para buscar la alcaldía.
Si bien es cierto, al menos para el PRI el voto del gobernador debe ser un voto de calidad, una buena lección se llevaron todos en la derrota. En Boca del Río se aferraron a que el candidato fuese Oliver Aguilar, un tipo soberbio y prepotente, desdeñoso y necio, pero amigo del gobernador. Esa amistad no fue suficiente o no fue tomada en cuenta cuando los electores acudieron a las casillas y mostraron la espalda a este candidato haciendo ganar al joven empresario Humberto Alonso Morelli.
El problema es que las elecciones para alcaldes están ya próximas y todavía no se calman las aguas. Todavía los jóvenes y muchos adultos están saliendo a las calles a reclamar un triunfo robado, a reclamar la mano del narcotráfico en las elecciones, a reclamar que se respete su primera votación presidencial; todavía no se calman las aguas y los partidos políticos ya deben ir pensando en sus próximos candidatos a alcalde.
No creo que el PRI piense en otra vez dar dinero a diestra y siniestra a sus operadores, porque ya comprendieron que como la fábula del escorpión y la rana, aunque les vaya la vida en ello, los priistas, por puro instinto, picarán, es decir, se volverán a embolsar el dinero.
Esa es la tormenta que viene y no creo que el PRI esté preparado, no creo que otra vez piense salir a la calle, en medio de la vendaval, con esos paraguas que anduvo regalando, que al primer ventarrón se desarman.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
