Leí en una columna de mi amigo Sergio González Levet que al secretario de Gobierno ya le dio también por ser escritor; ¡cómo si fuera tan fácil! En su columna Sergio señala que, émulo de Fidel Herrera, Erick Lagos ya lanza artículos en los medios, con tan desafortunada sintaxis que de inmediato se distinguen los lugares comunes desde los primeros párrafos.
Pero si el secretario de Gobierno quiere ser escritor, primero debe aprender a respetarlos; si Erick Lagos quiere escribir artículos, valerse de la palabra, primero debe aprender a respetarla.
Sucedió en la entrega del Doctor Honoris Causa al escritor y periodista René Avilés Fabila. La cita era el sábado 22 de febrero a las 12: 00 horas en el auditorio “Sebastián Lerdo de Tejada” del Congreso del Estado. Los invitados especiales llegaron desde las 11:45 horas, entre ellos el homenajeado y el representante del presidente Enrique Peña Nieto, Raúl Cremoux, director de Canal 22. Pues dieron las 12:00 horas, ya cada uno de los que participarían en el evento estaba en su lugar, entre ellos María Luisa “La China” Mendoza, Javier Aranda Luna, Raúl Cremoux y el rector de la UPAV Guillermo Zúñiga Martínez. Pero Erick Lagos no había llegado. Esperaron 10 minutos y luego 20 minutos, el caso es que el divino Erick Lagos, como la estrella protagónica de una novela, llegó con 30 minutos de retraso a un evento que estaba calculado para una hora. Zúñiga Martínez conversaba con Raúl Cremoux quien se debía estar preguntando qué nivel de importancia tenía el representante del gobernador Duarte para tener la osadía de llegar con media hora de retraso. Pero cuando llegó Erick, preferible que no hubiera llegado.
En el evento los discursos tuvieron un alto nivel literario. “La China” Mendoza, Javier Aranda y el propio René Avilés Fabila conviven con la palabra y son grandes artífices de ésta; incluso Raúl Cremoux destacó la amistad con el homenajeado y la convivencia con intelectuales de la talla de Carlos Fuentes, José María Fernández Unsaín, Ignacio Ramonet y Margueritte Yourcenar.
Cuando tocó el turno de Erick Lagos, el flamante secretario de Gobierno de Veracruz, empezó por equivocarse con el nombre del homenajeado a quien llamó René Avilés Fabela. Después de una sarta de lugares comunes, Erick Lagos habló de la “humilde sencillez” del homenajeado y ese fue el tópico que recorrió todo su discurso, la “humilde sencillez” de René Avilés Fabila.
Habría que informarle al secretario de Gobierno que si algo tienen grande los escritores es el ego. No hay escritores sencillos, ni humildes. Se han realizado ensayos profundos para analizar el ego de los escritores, que es lo que mueve a su obra; por supuesto ningún escritor envidia el destino apostólico de la Madre Teresa de Calcuta. Bueno, decirle a un escritor sencillo o humilde es casi como mentarle la madre.
En la comida, después del evento, y a manera de broma, le pregunté a René, quien ha hecho estancias en París y en muchos lugares de Europa en donde han traducido parte de su obra: “Oye, ¿acaso se enteró el secretario de Gobierno que tu traje es alquilado?, digo, por eso de la ‘humilde sencillez’”. Rio discreto René Avilés Fabila y nos dijo a Silvia Tomasa Rivera y a Marco Tulio Aguilera: “No les quiero presumir, pero el traje que traigo me lo obsequió un presidente de la República”; así de sencillito, así de humilde el escritor. “Aparte de todo –le comenté- ‘humilde sencillez’ es una distinción pleonástica”.
Hace poco publicaron en las redes sociales el presupuesto que se asigna a cada una de las dependencias del gobierno de Veracruz. La segunda dependencia que más presupuesto tiene es la secretaría de Gobierno con 690 millones 700 mil pesos. Esta dependencia también tiene una gran cantidad de empleados y muchos asesores que cobran en nómina cantidades que superan los 50 mil pesos. Pues con todo ese dinero al secretario de Gobierno no le alcanza para tener a un buen asesor literario, a un buen redactor, a una persona que sepa escribir dos oraciones coherentes que impidan que el encargado de la política interna quede en completo ridículo.
¿Y éste es el que quiere se gobernador? Un sujeto que daba ternura nada más de verlo, nada más escucharlo. Parecía un niño de kínder garden recitando un poema a la madre, o un verso de Armida de la Vara.
Y no se enoje señor secretario, mejor reconozca que para aspirar a ser un gran estadista a usted le hace falta mucho camino por recorrer. O quizá para que lo entienda mejor, se lo pongo en pleonasmo: “A usted le haría falta ‘sencilla humildad’ para reconocer que se equivocó”.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
