
La geografía los junta…y ellos se sincretizan
Desde que se comenzó a gestar el movimiento revolucionario de Cuba, a fines de la década de los cincuenta del siglo pasado, México jugó un papel fundamental en el éxito que tuvo la gesta encabezada por el doctor Fidel Castro Ruz.
Justamente, fue el veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios (ícono de la política mexicana), quien coadyuvó con sus buenos oficios a que los revolucionarios caribeños transitaran con cierta tersura para evitar ser desarticulados por la Inteligencia de los Estados Unidos.
Les proporcionó información y recursos para llevar a buen puerto su estrategia en contra del régimen de Fulgencio Batista.
Fue la ciudad y puerto de Tuxpan, Veracruz, de donde partió el yate Granma hacia la isla de Cuba, lugar al que arribó en diciembre de 1956.
Después de una serie de avances y retrocesos militares, finalmente el 1° de enero de 1959, los “barbudos” entraron triunfantes a La Habana, a partir de entonces, se desarrollaría una fuerte relación diplomática entre el régimen priista mexicano y la Revolución Cubana.
El objetivo de este trabajo conjunto, fue el de convertirse en una suerte de estados “tapón”, ante la agresiva injerencia del imperialismo estadounidense en los procesos democratizadores de América Latina. De hecho, la Alianza para el Progreso impulsada por John F. Kennedy fue una respuesta pronta a la influencia que empezaba a generar el modelo cubano en el resto del subcontinente.
México y Cuba se convirtieron en las “fronteras” que contenían el avance de la perniciosa Doctrina Monroe que rezaba: América para los americanos.
Fue nuestro país el único que no rompió relaciones diplomáticas con el castrismo cuando este fue expulsado de la OEA, además, el general Lázaro Cárdenas encabezó la solidaridad mexicana ante el frustrado intento de invasión de la Bahía de Cochinos.
A lo largo de esos años, los servicios de Cuba hacia el autoritarismo mexicano también fueron significativos, muchos disidentes y guerrilleros antagónicos al PRI, encontraron un exilio seguro en la isla, contribuyendo así a la despresurización de la política nacional.
No obstante, esta relación idílica llegó a su fin durante el sexenio del presidente Zedillo, que en conjunto con la canciller Rosario Green, decidieron abrir una canal de relación con la disidencia cubana.
Con las administraciones de Fox y Calderón, la ruptura alcanzó su clímax, proverbial fue el desencuentro provocado por Fox y Jorge Castañeda con la famosa frase: comes y te vas.
Hoy, como una muestra inequívoca de la restauración de la política exterior priista, con un mudo radicalmente distinto, la reconciliación se presenta con la visita de Estado de Raúl Castro a México.
La pregunta es, ¿se repetirán los términos de complicidad de dicha relación para preservar el autoritarismo en ambos países?
