
El chamán preparaba el ritual cuando de pronto el gerente atajó, no pierda su tiempo: ¿sabe googlear?
El milenarismo es una doctrina asociada al cristianismo y al menos tiene dos interpretaciones. Una tiene que ver con el regreso de Cristo a la Tierra para reinar por mil años, la otra, con la llegada del Juicio Final en el año mil.
De lo anterior podemos derivar que el concepto también se asocia al pensamiento mágico, aquel que espera alguna clase de señal para interpretar el mundo, así pues, al fin de un siglo o de un milenio, se prestan a muchas creencias místicas.
Basta recordar la transición de milenio del año 2000 (aunque algunos la ubican en el año 2001), cuando se generaron una serie de especulaciones relativas al posible fin del mundo con la llegada de pandemias, asteroides que chocaban contra nuestro planeta, alienígenas que nos invadían, en fin, ideas catastrofistas sin sentido. A inicios del siglo XX, el paso del cometa Halley, también provocó sicosis en muchos seres humanos.
En este contexto, entramos al tema que nos atañe y tiene que ver con las creencias fantásticas que buena parte de la clase política desarrolla, en el marco de los poderes meta constitucionales del tlatoani. Estamos ciertos que para que exista una presidencia imperial, debe haber súbditos imperiales (en sentido contrario al ciudadano de las sociedades democráticas). Este es el punto que nos interesa.
La visita del presidente Peña Nieto el pasado seis de enero a la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, desató un furor inusitado en buena parte de los políticos y analistas locales, el motivo, una posible “señal” del mexiquense que indicara quien podría ser el “bueno” para la candidatura del PRI, de cara a la sucesión gubernamental en 2016.
Un gesto, una selfie, una frase, se podrían convertir en una suerte de “destape”, para dar inicio a la “cargada”, no obstante, para decepción de los interpretes del taumaturgo de Los Pinos, no ocurrió nada extraordinario. Peña estuvo muy poco tiempo, se le vio relajado, rompió el protocolo, se tomó fotos con el público en general, pero no arropó a ninguno de los suspirantes.
Pero ¿se imaginan que al presidente le hubiera caído mal el desayuno?, seguramente le hubiera generado agruras y al saludar a determinado personaje, un inoportuno reflujo daría pie a una mueca presidencial, el resultado: el personaje está frío en la estima del jefe.
Por el contrario, si esa misma mañana Peña hubiese recibido la noticia de la captura de “El Chapo”, el titular del Ejecutivo federal lo podría haber demostrado con una actitud exultante, repartiendo abrazos y sonrisas por doquier. Los analistas concluirían: en Veracruz, Peña se siente como en casa.
En realidad, cada quien puede aplicar la metodología que le venga en gana para tratar de entender el mundo, lo que nos afecta, es que la presidencia imperial es algo que muchos llevan en los “genes”. Por ello, ni la juventud ni los doctorados de muchos funcionarios y candidatos, nos garantizan el progreso histórico… son más de lo mismo, todo lo quieren resolver con “magia”.
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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