
Hay quienes en su insana ambición saltan la madurez…pasan de lo verde a lo podrido
Cuando alguien es llevado ante las autoridades por cometer un delito, lo primero que se tiene que hacer es tipificar la falta, no es lo mismo un homicidio imprudencial que uno doloso, hay atenuantes y agravantes.
Igual pasa con la religión católica, no es igual un pecado venial que uno mortal. Similar situación hay con las travesuras infantiles, dependiendo el grado será la reprimenda.
En este sentido, y ante los acontecimientos ocurridos en Veracruz a últimos tiempos, es necesario establecer una suerte de escala, como la Richter, para poder evaluar los daños causados por la corrupción gubernamental.
Así las cosas, sale propuesta, señalando que vamos en orden ascendente:
1.- Aceptar una responsabilidad laboral sin estar preparado para ello, implica un grado de corrupción. También, comprar una “incapacidad laboral” para alargar las vacaciones. Agreguen pedir “licencia” en horas de trabajo, para ir al mitin partidista.
2.- Privilegiar a alguien en un acenso, ya sea por favores sexuales o de “compromiso político”, menoscabando al más capaz, se agrega a esta escala.
3.- Ser inepto o simular y diferir el trabajo, es otra forma de ser tramposo.
5.- Acosar sexualmente a un compañero, subordinado sobre todo, además de pedir una dádiva para realizar a lo que por ley se está obligado, entra en este medidor.
6.- Contratar como “aviadores” a novias y novios conocidos en el table dance de moda, son chingaderas y también lo consideramos acá.
7.- Pedir “diezmo” (en ocasiones multiplicado por dos o por tres), para otorgar las licitaciones, además de exigir un sobre precio, es muy grave.
8.- “Meter la mano al cajón”, es decir, apropiarse directamente del dinero público, es metástasis fraudulenta.
9.- Coludirse con el crimen organizado para que estos actúen con libertad, es terriblemente inmoral e irreparable en términos racionales.
10.- Este grado es como “el cinta negra” de la corrupción e implica la suma de todo lo anterior: es un crimen de lesa humanidad. Aquí se incluye a los que sabedores de las faltas, no aplican la ley…guardan silencio cómplice. Que conste, no nos referimos a la PGR.
Desde luego, escapan algunos tipos de corrupción en este esquema, pero estos son los más recurrentes. De lo aquí expuesto, hay temas que se corrigen con una llamada de atención o un coscorrón, o incluso, cuando se toma conciencia del error. Hay otros que merecen inhabilitación, reparación del daño y/o cárcel.
Sin embargo, el tipo 10, como dijera el clásico: no tiene perdón de Dios.
¿En qué grado acomodan a los actuales gobernantes?, claro, salvo sus honrosas excepciones. Yo no soy justiciero, yo soy justiciero…¡por ti seré, por ti seré!
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Twitter: @javieroldan
