La suma del cuadrado de los despropósitos es igual al tamaño del complejo
Legendaria la columna que escribía Carlos Monsiváis intitulada “Por mi Madre, Bohemios” de la cual Jenaro Villamil (uno de sus destacados colaboradores), afirma que comenzó a publicarse en 1972, en el suplemento “La Cultura en México”.
De sus recopilaciones, el afamado escritor decía: “En materia de disparates, no hay mejor manera de celebrarlos que repetir las frases textuales y exponer a sus declarantes”.
Viene a cuento lo anterior, porque la tradición de declarar necedades ante la inminente imposibilidad (¿genética?) de hacer aportaciones valiosas a un debate de altura, persiste en todos los niveles de la administración pública, la liviandad discursiva (eufemismo para no decir: hablar idioteces), encuentra terreno fértil en la clase política mexicana.
Uno de los exponentes de tal práctica, es el secretario de Gobierno de Veracruz, Eric Cisneros, que ante la masacre de Coatzacoalcos (que los conocedores atribuyen a la disputa de la plaza entre grupos criminales y a la falta de acción gubernamental), salió a decir que:
“Cuando hay un cambio trascendental de las estructuras, siempre hay minorías que quieren oponerse y obstaculizar el cambio, eso enfrentó el padre Hidalgo y eso es a lo que está enfrentándose esta administración”.
Uno se pregunta ¿acaso los malosos son los nuevos Realistas? ¡Rediez!
