Nadie se muere de derrota moral ni se gobierna con victorias morales
Dueño del balón, de la cancha, del graderío y del estadio, el presidente López Obrador jugó al gato y el ratón con la oposición, a la que le dijo que estaban moralmente derrotados.
En efecto, ese cascajo ideológico que conforman los integrantes del llamado Pacto por México (PRI, PAN y PRD), está derrotado porque fueron despojados del poder, lo del concepto moral es un asunto muy elevado para ellos.
Sin embargo, para ser precisos, buena parte del rotundo fracaso de los opositores, se ubica en sus excesos más que en los aciertos de los vencedores (Veracruz es un ejemplo contundente al respecto), no supieron interpretar el hartazgo del electorado.
En ese sentido, AMLO leyó, como buen animal político, cuál era la principal exigencia de la ciudadanía y lo asumió como promesa de campaña: combatir corrupción e impunidad.
Nueve meses es poco tiempo para saber si el tabasqueño logrará abatir los perniciosos fenómenos a niveles mínimos, por lo pronto, ha enviado señales contradictorias de sus compromisos con la ciudadanía. De nuevo, Veracruz es ejemplo irrefutable de lo anterior.
Por ello, con calma señor presidente, véase en el ejemplo del movimiento de Lula da Silva: hubo días de apoteosis, de ufana soberbia...hoy son fustigados por la recalcitrante
