Huachicol, genéricos y similares: lo mismo pero más barato
Sin duda, el robo de combustibles es una sangría brutal a los ingresos de la Hacienda Pública, además de un atentado flagrante contra el medio ambiente.
No obstante, al igual que con el tema del narcotráfico, las autoridades atacan el problema en forma fragmentada, olvidan las leyes del mercado: si hay consumo hay venta.
Así las cosas, sería interesante hacer un cruce de información, que nos indique la relación entre el aumento del robo de carburantes y los gasolinazos.
Por otro lado, en el fenómeno criminal se da la participación de funcionarios y trabajadores de PEMEX, de gasolineros y, sobre todo, de un sector de la población que trabaja para el huachicol, además, obvio, de la omisión/complicidad de los tres niveles de gobierno.
De todos los aspectos, el más grave es la dimensión social: la ciudadanía se embarca en la aventura de la ordeña de ductos ante el desempleo, el taxista compra gasolina robada porque puede ganar un poco más, el abarrotero aumentará sus utilidades y un largo etcétera.
Si el presidente López tiene la intención de acotar el mentado delito, debe desestimular la demanda de combustible ilícito, esto pasa por prosperar la economía con algo más que los programas sociales, es urgente que la economía crezca, sino, todo será en vano.
La insoslayable brevedad / Javier Roldán Dávila
