
La ‘caja china’ llegó dentro de una matrioshka
Como era de esperarse, el alivio al malhumor social no provino de alguna buena acción de la partidocracia, llegó, merced al triunfo de la selección mexicana de futbol contra su similar alemana en Moscú.
Al igual que en la antigua Roma, fue un espectáculo, el encargado de desfogar las pasiones ciudadanas. La hombrada de los pamboleros mexicanos no fue para menos, se sobrepusieron a los pronósticos adversos.
Sin embargo, la emoción por la victoria no es duradera, el peso de la cotidianeidad se impone al adictivo y escaso distractor, dependiendo de los resultados, en poco menos de un mes, volveremos al pan sin circo.
Lo que no deja de llamar la atención, es que a pesar del embeleso que el juego de las patadas provoca en buena parte de la ciudadanía, los distintos gobiernos federales nunca han impulsado el futbol para que, eventualmente, México se convierta en un competidor de primera línea.
En términos prácticos, el deporte de marras es controlado por las dos principales televisoras, lo que constriñe su desarrollo al plan de negocios de Azcárraga y Salinas. Ni siquiera sobre los paliativos del malhumor social, son capaces de ejercer control.
La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
