
El voto visceral no se origina en el ciudadano, sino, en el fracaso de la partidocracia
De acuerdo a las estadísticas presentadas, el tercer debate entre los candidatos presidenciales tuvo una disminución del 54 por ciento en las audiencias digitales y casi 2 millones menos de espectadores por televisión, con respecto al anterior.
El fenómeno puede ser interpretado de dos formas: la primera es que la mayoría de los electores ya tiene claro lo que cada aspirante representa y, la segunda, es que el ciudadano está harto de la confrontación y la falta de propuestas.
Esto implica, que la partidocracia, deben revisar con responsabilidad (si aún les queda algo de conciencia), las leyes electorales y proponer una reforma, que en el futuro, agilice las campañas y de certidumbre sobre lo ofrecido, incorporando la revocación de mandato.
Al final del día, la ciudadanía no sabe qué pasará con temas fundamentales como la relación con los Estados Unidos, el desarrollo sustentable (¿alguien ha hablado de los pretendidos desarrollos mineros en Veracruz?), el combate a la inseguridad, el maltrato animal, la inversión en ciencia y tecnología y otros tópicos de igual magnitud.
Todo se resumió a ofertas de bote pronto, como lo es incorporar más familias a los programas asistenciales (lo que implica, por derivación, que seguirá habiendo pobres), meter a la cárcel a tal o cual o, en su defecto, extender salvoconductos para lograr la reconciliación nacional. Hay que insistir, el modelo se agotó y la próxima puede explotar.
La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
