
Hay un proceso de toma de conciencia y otro, de descomposición de la misma
Aunque ya deberíamos estar acostumbrados, no deja de causar estupor la cachaza de buena parte de la clase política mexicana, que cambia de partido de igual forma que los calzones.
El asunto podría dar para un guión de telenovela región cuatro: aquella mañana, después de pasar una noche de pesadilla, en la que me veía perseguido por hordas de asalariados, ninis y otros integrantes de grupos vulnerables, descubrí que los mexicanos ya no son representados por mi instituto político, por lo tanto, en un acto de congruencia, brincaré al proyecto de ya saben quién.
Por lo general, este tipo de visiones nocturnas, suelen darse en temporada de reparto de candidaturas, eso sí, el que queda fuera, es más susceptible de tener tales revelaciones.
Es el caso de la senadora Gabriela Cuevas, que después de más de dos décadas de militancia en el blanquiazul, comprendió que eso era vivir en el error, así pues, por iluminación cuasi divina, se aventó un triple salto mortal, con una diputación plurinominal como red de protección.
No hay ley que impida tal cosa. En nuestros días, la urbanidad, es una costumbre en desuso.
La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
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