A cien años de la muerte de Porfirio Díaz

A cien años de la muerte de Porfirio Díaz

 

  • Porfirio Díaz forma parte de la historia de México porque fue uno de los presidentes con mayor poder en el país
CIUDAD DE MÉXICO, 2 de julio - José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació el 15 de septiembre de 1830 en Oaxaca y la historia de su vida es muy amplia debido a todas las cosas que hizo durante su largo gobierno denominado “El Porfiriato” al mantenerse de forma dictatorial por 34 años en la presidencia de la República.

Huérfano de padre desde los tres años, Porfirio Díaz ingresó en el Seminario de Oaxaca para seguir la carrera eclesiástica, pero pronto cambió de opinión. Cursó estudios de leyes en el Instituto de Ciencias y Artes, donde fue discípulo del futuro presidente liberal Benito Juárez, quien impartía derecho civil; en adelante sería seguidor suyo en lo político. El Instituto fue clausurado por orden del presidente Santa Anna en 1854. Ese mismo año intervino en la Revolución de Ayutla y apoyó al general Juan Álvarez para derrocar a Antonio López de Santa Anna.

Poco después, Porfirio Díaz ingresó en el ejército, y su carrera militar fue meteórica. En la guerra de Reforma (1858-1861), conflicto civil en el que se enfrentaron conservadores y liberales, apoyó la causa liberal. La guerra concluyó con la victoria de los liberales y llevó a la presidencia a Benito Juárez (1861); finalizada la contienda, Porfirio Díaz fue ascendido a general y elegido diputado.

Apenas un año más tarde tomó de nuevo las armas contra la invasión francesa (1862-1863) y la coronación de Maximiliano I (1864-1867) como emperador de México. Fue jefe de brigada en Acultzingo en abril de 1862 y ese mismo año participó en la batalla de Cinco de Mayo al lado de Ignacio Zaragoza.

En 1867 protagonizó una brillante acción militar en Puebla: tras sitiar la ciudad, realizó un asalto sangriento y rápido contra las tropas del emperador Maximiliano, que se refugiaron en los cerros de Loreto y Guadalupe. Sin perder tiempo, avanzó hacia la capital de la República y la tomó el 2 de abril de 1867, hecho que fue de gran trascendencia militar, pues adelantó la caída del Imperio de Maximiliano y el triunfo de Juárez.

Porfirio Díaz forma parte de la historia de México porque fue uno de los presidentes con mayor poder en el país por haber gobernado durante un largo periodo dividido en tres ocasiones.

Lo hizo a pesar de haber hecho famosa la frase “Sufragio Efectivo No Reelección”. Pero él desconoció lo que había promulgado el 10 de enero de 1876 con el objetivo de derrocar a Sebastián Lerdo de Tejada mediante la promulgación del “Plan de Tuxtepec” en Villa de Ojitlán, municipio de San Lucas Ojitlán en Tuxtepec, estado de Oaxaca.

El periodo de 1876 a 1911 está marcado dentro de la historia de nuestro país como “El Porfiriato”, y se refiere al gobierno de Porfirio Díaz, quien ocupó la presidencia del país durante el lapso antes mencionado, con la excepción de 1880 a 1884, donde el presidente de la patria fue Manuel González. Pero a partir de 1884, y hasta el quinto mes de 1911, la gran figura política nacional fue la del general Porfirio Díaz.

Esta etapa del país coincide con  un momento particular del desarrollo capitalista que ha sido llamado imperialismo. Este periodo, en un ámbito internacional, tuvo como principal característica un nuevo tipo de colonialismo, en el cual los grandes países capitalistas de Europa y Estados Unidos ya no se preocuparon por controlar de una manera directa el resto del mundo, sino mediante la apropiación de los recursos naturales y su mano de obra, por ejemplo la tierra, los minerales, los metales preciosos y la fuerza de trabajo entre otras cosas más. El control que ejercieron estos países se hizo realidad a través de la inversión de capitales en los países en vías de desarrollo o recién liberados de estructuras de dominio colonial, lo que trago consigo importantes cambios, como el surgimiento de la clase obrera en países industrializados aceleraron la producción y exportación de alimentos y materias primas en los países que no eran participes de este desarrollo. Así los países implementaron medidas económicas favorables al capital extranjero, lo que finalmente  los convirtió  en países  mono exportadores de café, carne, azúcar, trigo, algodón y estaño entre otros.

En  América latina este periodo tuvo como principal característica, que sus élites políticas adoptaron, de manera  entusiasta, las políticas de liberalismo y cambio de apertura   de mercados promovidos por los países metropolitanos. La producción de materias primas  para la exportación atrajo la inversión  extranjera a la región. Los países  de Latinoamérica, México entre ellos, cubrieron  las nuevas demandas que tenían los dueños del capital, quienes se sirvieron de los estados nacionales para invadir la agricultura y apoderarse de los principales recursos naturales. Para extraer  las materias y facilitar la introducción de los equipos y mercancías, el capital financiero estimuló la construcción de puertos y ferrocarriles y, para que funcionara todo esto, de servicios públicos.

México estaba envuelto  en una profunda crisis general, pero en especial económica  a causa de las diversas guerras que lo habían azotado; los caminos estaban  plagados de bandidos, la delincuencia en las ciudades a la orden del día, el trabajo escaseaba y las inversiones  extranjeras no arribaban a México ante la falta de garantías, tales como seguridad y de más servicios.

Porfirio Díaz  figuró como un protagonista central de tales disputas, al levantarse en armas en  dos ocasiones: una en 1871, en contra  de la reelección del presidente Juárez con el plan de la noria, movimiento que, a pocos meses, fue derrotado. Al morir  Benito Juárez, en 1872, se registró una nueva disputa por el poder, saliendo  victorioso Sebastián Lerdo de Tejada. Al intentar éste reelegirse en 1876, Porfirio Díaz se levantó en armas, por segunda ocasión, ahora con el plan de Tuxtepec, resultando vencedor.

En el 1876, a llevar a cabo el plan Tuxtepec, el general Díaz propuso  como “Ley suprema”  de la nación el principio de la no reelección del presidente y gobernadores; además, aseguró  que él en ningún momento  aspiraba a permanecer en el mando y que, al obtener el triunfo, volvería “a la quietud del hogar doméstico”. Pero no lo cumplió. Al asumir por segunda ocasión la Presidencia de la  república, en 1884, se reeligió de manera ininterrumpida, hasta que una nueva revolución, la de 1910  lo obligó a renunciar y dejar el país.

La reelección del general Díaz  lo hizo ser el hombre más importante  de México  por espacio de treinta años. En este tiempo sucedieron muchas cosas sobresalientes en el país: se logró alcanzar la estabilidad  política; se registró  un extraordinario  crecimiento económico, disminuyó considerablemente la delincuencia  y el bandolerismo casi desapareció como fenómeno social. Pero a la par de estos grandes cambios a favor de la patria, también hubo grandes abusos  tales como: despojo de la propiedad comunal  indígena; se fortaleció  el latifundismo; se reprimió con mano dura, mediante la ley  fuga  o la pena de muerte, a quienes alteraran el orden público o se opusieran  al régimen; se atacó la libertad de prensa y la gran parte de la población se mantuvo en la pobreza.

En términos generales se puede decir que El Porfiriato es un periodo en la historia nacional de marcados claros y oscuros: liberal pero al mismo tiempo conservador, conciliador y represivo, demócrata y autoritario, es un periodo polémico; los mismos historiadores tienen opiniones encontradas. La prensa de la época, por ejemplo, dependiendo del momento y su filiación, al referirse  al caudillo de Tuxtepec  lo mismo pintaba como un dictador  que el héroe de la paz; a un violador de leyes  y libertades individuales que al  árbitro supremo de la nación; al vendedor de su propia patria que al constructor del México moderno. El historiador Francois- Xavier Guerra destacó al respecto:

“Fue el Porfiriato un régimen extraño: sus contemporáneos los calificaban de patriarcal; los revolucionarios  le llamaron dictadura;  nuestros contemporáneos lo designan con etiquetas diferentes que van de caudillismo a régimen autoritario”

El Porfiriato fue un periodo de marcados contrastes. Dependiendo del sector que uno analice, se puede llegar a conclusiones totalmente divergentes. El escritor estadounidense John Kennet Turner, en 1911 por ejemplo señaló que para sus compatriotas que emprendían negocios en México, el régimen de Díaz era “el más sabio, el más moderno y el más benéfico sobre la faz de la tierra”, pero que, desde el punto de vista del mexicano común, el gobierno de Díaz era “un tratante de esclavos, un ladrón, un asesino”, pues no tenía misericordia ni impartía justicia, sólo se dedicaba a explotar a su población. Cierto es que, para tener una opinión equilibrada sobre este periodo, debemos conocer sus claros y oscuros, sus virtudes y defectos, sus logros y retrocesos.

El extraordinario crecimiento económico que experimentó el país, la modernización urbana, el saneamiento de las finanzas públicas y la estabilidad la política fueron algunos de los logros más importantes del Porfiriato. Después de más de medio siglo de estancamiento económico y aislamiento comercial, México se insertó de lleno en la economía mundial ocupando un lugar clave, aunque de manera  dependiente, dentro del desarrollo del capitalismo. Como resultado directo del pronunciado crecimiento económico, irrumpieron destacados centros urbanos y fabriles: Torreón y Aguascalientes se convirtieron en importantes centros de distribución ferroviaria, Monterrey  y Orizaba se consolidaron como ciudades industriales, Mérida creció significativamente con la exportación de henequén y chihuahua con la venta de ganado.

Sin embargo, en no pocos casos, para los peones de las haciendas, los jornaleros del campo, los mineros y los obreros fabriles, es decir, para la clase trabajadora, la paz social y la estabilidad  política de que tanto se vanagloria el régimen significaron arbitrariedades, explotación, sometimiento y represión, particularmente cuando daban alguna señal de protesta o rebeldía. Tales injusticias, permitidas  y solapadas generalmente por los prefectos políticos que eran autoridades locales, conformaron lo que se conoce como “la leyenda negra” del Porfiriato y constituye uno de los lados oscuros.

Lo que para los hombres del régimen era motivo de orgullo, para un sector ilustrado de la clase media era motivo de crítica e indignación. La prensa volvió a sus fueros y un sector de jóvenes periodistas acusó a Porfirio Díaz de extranjerismo desmesurado, de vender la patria a los extranjeros, de mantener a la población sumida en la pobreza y, sobre todo, denunciaron la falta de libertad política.

En 1908 se dio una crisis económica y el gobierno federal tuvo muchos problemas debido a eso. Se dio el aumento de precios en la canasta de alimentos básica. También se dio el desempleo a mayor escala y caída de salarios. La clase obrera comenzó a exigir el mejoramiento de sus derechos laborales. Las huelgas que se hicieron durante la época porfirista fueron: La de Cananea en 1906. La del Río Blanco en 07 de enero de 1907. La Rebelión de Acayucan en Veracruz en el año de 1906.

Los trabajadores exigieron mejores condiciones económicas y la igualdad entre trabajadores mexicanos y extranjeros.

Se formaron comités de vigilancia para que los padres de familia y tutores tuvieran la obligación de mandar a sus hijos a la escuela. Joaquín Baranda, ministro de instrucción pública, fundó más de 200 escuelas para maestros en todo el país. Es preciso saber que en las zonas rurales se dio un rezago educativo debido a que no se dio un desarrollo educativo en zonas alejadas a las ciudades de los estados.

Justo Sierra tuvo la gran idea de crear la Universidad Nacional de México. Se promulgó una ley el 26 de mayo para su creación y el primer rector de la universidad fue Joaquín Eguía Lis entre en los años de 1910 a 1913.

Se dice que Porfirio Díaz tuvo una entrevista con el periodista norteamericano James Creelman y comentó sobre la situación política y social que tenía México. Señaló que permitiría que la posición formara partidos políticos para contender por diferentes cargos de elección popular en las elecciones de 1910. Dichas declaraciones provocó que el país tuviera euforia por las elecciones.

En medio de grandes tensiones y conflictos llegó 1910, un año de grandes sorpresas para los mexicanos de entonces: apareció el cometa Halley, se realizó la convención de los clubes antirreleccionista, con bombo y platillo el régimen festejó el primer centenario de la Independencia de México, se consumó la séptima reelección de Porfirio Díaz para presidente de la República y, como resultado de esto último, inició un movimiento revolucionario de largo alcance, en el  mes de noviembre, que obligaría al anciano presidente a dimitir del cargo e irse de  México. Por ello es un año clave en la historia nacional.

Los liberales presentaron candidatos para los puestos de elección popular pero Porfirio Díaz decidió reelegirse y eso provocó una crisis política en el país, lo cual desencadenó en una revolución política.

Francisco I. Madero tuvo una entrevista con Porfirio Díaz en el Palacio Nacional y después de eso, Madero decidió recorrer el país para difundir la democracia. Realizó una campaña que dividió en 5 fases. Posteriormente se lanzó como candidato para la presidencia de México el 11 de abril de 1910. Antes de las elecciones Madero dijo que en un discurso electoral que era necesario rescatar la democracia en todo el país, así como instaurar la institucionalidad y tomar conciencia sobre las dictaduras (refiriéndose a Santa Anna y Porfirio Díaz).

Madero se encontraba en San Antonio, Texas y desde allá lanzó el documento político “Plan de San Luis” el cual desconocía a Díaz como presidente y pidió a los mexicanos luchar por un mejor futuro. Pidió que se levantaran en armas el 20 de noviembre de 1910 para derrocar al porfiriato. Madero se comprometió a restituir a los campesinos las tierras que se les habían quitado por los hacendados.

Dicho plan también señaló que Madero se encargaría de la presidencia de México y que él convocaría las siguientes elecciones. Así como sometería a revisión todas las leyes que se hicieron durante el gobierno de Porfirio Díaz.

Todos los problemas que había en México no impidieron la celebración del Centenario de la Independencia del país el 16 de septiembre (primeras horas de dicho día, pero después de 1910 el presidente adelantó el festejo el día 15 de septiembre con el fin que de coincidiera con su cumpleaños.

Otras naciones extranjeras llegaron a México para dar obsequios al país. España dio el uniforme militar de José María Morelos como obsequio. La delegación francesa obsequió las llaves de la ciudad de México, capturadas en la intervención de 1863. Se dieron banquetes, desfiles, bailes, inauguraciones y todo México demostró su patriotismo.

Se inauguró el Hospital de la Castañeda de varias instituciones educativas, como la escuela nacional de ingeniería, antecedente del Instituto Politécnico Nacional, que hasta hoy en día continúa vigente.

Al siguiente día se inauguró el famoso monumento del Ángel de la Independencia, cuya construcción se había iniciado en el año de 1902. Al término de los festejos, México volvió a tener un ambiente negativo y de incertidumbre.

En el año de 1911 Porfirio Díaz tenía más de 80 años de edad y tuvo una enfermedad en las encías, padecía sordera y demasiado agotamiento físico. Fue entonces cuando pensó en renunciar a la presidencia. Posteriormente, Díaz acordó renunciar y dejar en su lugar al entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Francisco León de la Barra.

El 25 de mayo de 1911 la Cámara de Diputados exigió la renuncia de Porfirio Díaz y nombró a León de la Barra como el nuevo presidente de la República Mexicana y así fue como la época del porfiriato terminó, después de 34 años.

Después de su renuncia, Díaz y su familia se exiliaron y el 31 de mayo de 1911 abordaron el buque llamado “Ipiranga” en Veracruz y abandonaron México. Inmediatamente se internó en una clínica de Interlaken en Suiza para tratar su enfermedad en las encías. Salió curado en el mes de junio del mismo año.

La renuncia de Díaz no mejoró la situación política de México. Francisco I. Madero fue electo presidente el 06 de noviembre de 1911. Díaz murió a los 84 años el 2 de julio de 1915. Fue enterrado en la iglesia de Sain Honoré L’Eylau y el 27 de diciembre del año de 1921 sus restos fueron llevados al cementerio de Montparnasse en París.

AMN.MX/fm

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