Despierto, y cuando intento levantarme, siento un dolor muy fuerte en la parte derecha de mi cuerpo y que impide moverme. Con ayuda de mi esposo, logro levantarme y caminar un poco, pero el dolor a cada paso es intenso.

 

Amada, se que ninguna de las palabras  que iré poniendo en esta carta bastarán para arrancarme este dolor. Pero permíteme que me acerque a ti desde la sinceridad de las mismas, en ellas trataré de que este adiós no me deje tan lleno de dudas. Se lo hermoso que ha sido este amor que siento por ti, se que despoblarás los días al irte de mi vida, se que me quedare con el alma hecha trizas. Pero entiendo que nací en el mundo de manera diferente, puesto a perseguir una lejana esperanza que acaso sólo sea una utopía, inalcanzable como tal. Ahora te veré de muy lejos, relacionando cosas que te dije con estas que te digo ahora. Querré acaparar en mi desdicha la razón de la separación, y no podré hallarle sentido a lo que te digo; me separa el infinito, me separa el amor.

 

— “Yo era bonita cuando joven.”
— “No, tú eres bonita ahora, eres gentil, simpática y ayudas a las personas. Tienes que mejorar tu autoestima”.

Ese interesante diálogo entre una amiga mía y su clienta, me hizo preguntar: ¿Qué es lo que verdaderamente define la belleza? ¿La apariencia externa, la edad, o las cualidades que uno expresa?

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