Diálogos con “El Negro” Cruz

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Mateo 7:16

 

De su pelo crespo a sus ojos grises, había un espacio que podía medir con lo que duran dos suspiros; de la mano corta por la flexión del codo, un charlatán usurpador de mi lugar la hacía suya en ese instante; su mirada fulminante a quemarropa descubrió mis ojos expectantes como el que mira por primera vez el mar… como la sorpresa de un niño en 6 de enero.

Así, así nacía en mi historia lo prohibido, el deseo impaciente de volverle a ver, de olisquear en el aire su aroma, esto hacia buenos los días y las noches eternas para pasar las horas imaginándola en hipotéticas escenas de mi vida futura; mira que me hacía bien pensar en ella.

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