Tus ojos no miran…
hipnotizan.
Llevan la advertencia escrita
en tinta invisible:
quien entre aquí
ya no sale.
Tu sonrisa es filo,
tu piel es pacto,
y cada palabra que pronuncias
lleva veneno en dosis exactas
para que duela… pero guste.
Eres el incendio
que no avisa,
la marea que arrastra
y ahoga de placer.
Y yo,
sin pedir salvavidas,
me dejo hundir.
