Mi ciudad es un sitio tranquilo en donde las únicas conspiraciones que existen son las de los políticos, pero como esto está lleno de ellos pues vivimos, ya no con el Jesús sino con la conspiración en la boca. El mundo, pareciera, está lleno de conspiraciones y de conspiradores, unas y unos, mas rebuscados que otros. La primera vez que oí la palabra conspiración transitaba por una afición galopante a imaginar cosas disparatadas y vinieron a mi mente varias imágenes: la de un cuarto en penumbras, la de un montón de personas embozadas (adentro del cuarto en penumbras) hablando en susurros alrededor de una mesa, y la de un inocente, desayunándose unos corn flakes con rodajitas de plátano manzano que, sin deberla ni temerla, iba a ser víctima futura de los entuertos de los embozados.
Ya con el tiempo comprendí que conspiración era algo más retorcido que eso y que se ilustraba muy bien con lo que llevaban a cabo mi maestra y mi madre, en mi sexto año de primaria, para caerme en la “movida” cuando la primera citaba a la segunda y yo, falsificando las firmas de ambas, lograba posponer durante días la reunión.
Durante años no precisé de usar nunca la palabra conspiración, pues era muy difícil, con todo y que suena muy culta y le da un aire de intelectualidad a quien la ocupa, meterla en una conversación. “Yo creo que para que perdieran las Chivas debió darse una conspiración entre el arbitro central y el abanderado”: hubiera sido una frase que sólo me habría acarreado burlas y escarnio.
Sin embargo hace unos días, “navegando” en la Red, encontré un montón de páginas que contienen esa dichosa palabra, todas exhiben un aire de triunfante fatalidad y todas, con la información ahí expuesta, aseguran que han descubierto la causa de por qué el mundo está como está y, además, afirman que lo que todos, en algún momento de nuestras vidas hemos aceptado como una verdad absoluta, es en realidad una muy grande y mezquina conspiración.
Los temas son tan variados como variadas son las situaciones de vida de cada ser humano y van desde eventos políticos, hasta los que tienen que ver con supuestos extraterrestres, pasando por fraudes financieros, mentiras históricas y hasta hay quien proclama que, el apocalipsis es una conspiración de la Iglesia para meterle miedo a la gente para que no peque. Unas teorías resultan casi verosímiles, pero otras, realmente están como para meter al que las escribió en un manicomio.
Así pues, según los “conspiracionistas” el hombre no llegó nunca a la luna y todas las imágenes y películas fueron tomadas, y editadas, en estudios hollywoodenses. Estos tipos aseguran que lo que dicen es “la pura verdura” y para ello se apoyan en una frase que no admite réplica: “Si no nos cree, vaya a la luna para que vea que no hay huellas, ni bandera, ni nada de lo que dicen que dejaron”.
Hay algunos, bastante “zafados”, que dicen que Elvis Presley, Carlos Gardel y Pedro Infante están vivos, que todos fingieron su muerte y hasta aseguran que viven enfrente de sus casas, que tienen un club y que el miembro más nuevo se llama Michael Jackson. Existen otros que proclaman que el infierno no existe y sólo es un cuento para asustar a los impenitentes. Lamentablemente, afirman, el cielo tampoco existe.
Los conspiracionistas, especializados en cuestiones médicas, aseveran que el virus del SIDA es un experimento fallido de la milicia norteamericana; que el de la influenza A H1N1 salió de los laboratorios del PAN y que el de la Sífilis, lo crearon las esposas de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial, para castigar los deslices de sus maridos. Estos organismos, empero, como un microscópico monstruo de Frankenstein, se han revelado en contra de sus creadores. Esto último sí se los creo, pues nomás hay que ver cómo le fue al PAN en estas elecciones.
Los que sí, quién sabe qué se metieron, son unos tipos (iba a poner bueyes pero me arrepentí) que aseveran que entre nosotros caminan seres extraterrestres disfrazados y que, debajo de su piel de humano, esconden cabezas y cuerpos de cocodrilos y serpientes. Estos seres, dicen, han contaminado los genes humanos y los han mezclado con los de ellos; de este modo, han escalado posiciones políticas y de poder, que les han permitido irse adueñando del mundo poco a poco. Donde sí la “cajetearon” fue en ponerles un nombre tan obvio, les dicen: Reptilianos.
Aseguran que los Bush, padre e hijo; Angelina Jolie, Brad Pitt, la reina Isabel, su principesco hijo Carlos, los Reyes de España y muchos otros líderes mundiales son reptiles disfrazados de gente… ¡No mammm-etralles Rambo!: Dije yo cuando leí todas esas tonterías.
Aunque, pensándolo bien… yo he conocido a varios personajes que, si bien no pasarían por un cocodrilo del Nilo, sí pudieran ser confundidos con un sapo botijón o con una lagartija parada de manos.
Y, ya entrados en gastos, creo que bajo la perspectiva de mis recuerdos, mi maestra de historia y civismo de la “secu” sí era una escamosa reptiliana en toda forma o, cuando menos, la abuelita de todos los que ahora, calladamente, nos acechan.
Alejandro Hernández y Hernández
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