
Si el rito ha funcionado… ¿cuál es el sentido de cambiarlo?, o sea, pragmatismo político puro
En una entrega anterior, hablamos de la meritocracia y la selección de candidatos al interior del PRI, concluimos que más allá de los méritos político-administrativos, son las circunstancias coyunturales las que pesan más a la hora de tomar decisiones, así ha sido y así será el método de selección del partidazo, lo contrario, no pertenece a la “genética” tricolor.
En este sentido, hace un par de días, leíamos en la columna Prosa Aprisa, del experimentado periodista, Arturo Reyes Isidoro, lo siguiente:
“Javier Duarte de Ochoa, como jefe político del priismo en Veracruz, será quien decida la candidatura de su partido para relevarlo en 2016. Ayer, en una comida con un grupo de columnistas, reveló que el presidente Enrique Peña Nieto le delegó la gran responsabilidad. “En el tema de la sucesión me dijo: Javier, nunca me has fallado, pero esta es la decisión más importante de tu vida, no te puedes equivocar, con lo cual me está dando la gran responsabilidad”.
En concreto: el gobernador, en este caso Javier Duarte, tiene mano a la hora de elegir a su sucesor.
Históricamente, sobre todo en la época posrevolucionaria, el gobernador de una entidad se convierte, de facto, en el jefe político de su partido, es el que ejerce el control de los procesos locales.
El presidente Peña Nieto nos ha demostrado en su trayectoria como mandatario del EDOMEX y como titular del Ejecutivo, que es un hombre apegado a las tradiciones, a los poderes meta constitucionales del tlatoani, con su arribo a Los Pinos, hemos sido testigos de una restauración del presidencialismo imperial, que no de un resurgimiento.
Así las cosas, la alharaca que vivimos en Veracruz son los resabios de lo ocurrido durante los doce años de administración federal panista, cuando los suspirantes del Revolucionario Institucional ganaban las candidaturas saliéndose de los cauces establecidos.
En la actualidad, insistimos, estamos ante un retorno de la ortodoxia priista, nada se mueve sin la autorización del Ejecutivo y los gobernadores, particularmente los de su partido, son una suerte de prefectos locales.
Nada nuevo hay en el solar veracruzano, sólo el regreso de las formas tradicionales, en las cuales se acaba imponiendo el ser “institucional”, sobre el ser “revolucionario”.
Lo mismo ocurrirá en los otros estados gobernados por el partido en el poder: el ejecutor de la voluntad presidencial será el Ejecutivo local.
Por todo lo anterior, es difícil comprender los análisis que plantean una interrupción de la cultura del “dedazo”… eso no ocurre, al menos por ahora. Claro, nadie puede festejar antes de tiempo, al final como muchos dicen: sólo Dios sabe.
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Twitter: @javieroldan
