Shortstop al fin, su filosofía fue sencilla: era un para-bolas
Supongamos que hay un principio irreductible (mismo que, no se contraría con la estupidez de la verdad absoluta): “vale más perro vivo que león muerto”.
El (presunto) aserto, es obsequio del Predicador.
En efecto, tal dicho, no tiene desperdicio en virtud, de que, el Predicador acota: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”.
Insiste y decreta: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos”.
La parábola es grande u/y odiosa, conforme al gusto de quien la interprete.
Pero, si están de acuerdo, demos gracias a que nuestra memoria, en 2018, aún, no “fue puesta en olvido”.
Pero si, lo anterior, no es, en sí y para sí, grato, seamos leones muertos.
De suyo, en consideración de los propósitos de Fin de Año, recurramos otra vez, que remedio, al Predicador: “no hay nada nuevo debajo del sol”. ¡Joder!
La insoslayable brevedad
Javier Roldán Dávila
