
En la política mexicana nadie está ‘muerto’ hasta que se desquita
En pocos días, Javier Duarte estará internado en un penal federal mexicano, se menciona en específico el Reclusorio Norte, aunque algunos plantean la posibilidad de que se elija uno de máxima seguridad, ya se verá.
En este sentido, si Duarte negoció su entrega, como lo demuestran todas las evidencias (no tocar a su esposa y familiares cercanos y un pliego de acusaciones no light, sino lo que le sigue), la presunción de que funcionarios federales estarían nerviosos por lo que pudiera decir el ex gobernador de Veracruz es infundada: la base del acuerdo es un quid pro quo.
Sin embargo, si planteamos la estrategia duartista como un juego de ajedrez, partimos de un hecho indiscutible, las piezas más importantes son el rey y la reina, en ese orden, por lo tanto, para apuntalar los intereses de Karime y Javier, en ese orden, habrá que enviar al sacrificio a alfiles, torres, caballos y uno que otro peón.
Así las cosas, los que deben estar más que nerviosos son los integrantes del primer círculo duartista que en búsqueda de su salvación, despepitaron todo lo que sabían para que las autoridades pudieran armar el rompecabezas de los latrocinios.
Por lo tanto, los malos muchachos (innecesario citar sus nombres), deben poner sus barbas a remojar, porque si ellos les sabían cosas a los patrones, resulta lógico que los patrones les sepan más triquiñuelas a ellos, simple cuestión de jerarquías.
En este escenario, el Tlatoani y el ex gobernador tendrán suficiente carne de cañón para calmar la ira de los dioses de las urnas. El hilo siempre se rompe por lo más delgado.
En realidad, por eso son soplones y no grandes maestros del ajedrez político
@javieroldan
