
La historia narra la singular historia de cuando el viajante de comercio Gregor Samsa, “tras despertar de un sueño intranquilo”, descubre que se había transformado en “un monstruoso bicho”.
Kafka, quien ha sido calificado como un escritor excepcional, frágil, tremendamente nervioso, y básica y fundamentalmente obsesionado con la escritura, redactó entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912 una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. La cual fue publicada en 1915, bajo el título de “Die Verwandlung” cuya traducción literal es “La transformación”.
El autor fue un tipo extremadamente meticuloso, obsesivo incluso con la utilización de las palabras, ya que le interesaba su precisión y que dijeran exactamente lo que dicen.
Para la celebración, editorial Nórdica dicidió lanzar una nueva traducción de Isabel Hernández, en un volumen ilustrado por Antonio Santos, con prólogo de Juan José Millás y que ha optado por titular “La metamorfosis”.
Sin embargo, la editorial Novona prefirió dejarle el título de la “Transformación”, y la traducción del alemán al español estuvo a cargo de Xandry Fernández
Pero qué es lo que llama la atención de dicha obra en el mundo entero, la cual ha sido considerado por muchos creadores como fundacional, que refleja indudablemente la vida del autor bajo la fuerte influencia de su padre, y la crítica del régimen de aquéllos años en Europa del Este.
Con una historia corta y agonizante el autor atrapa a cualquier lector, intrigándolo en cada una de sus páginas, que suelen llevar la narración a un realismo fantástico, pero sobre todo con rasgos totalmente expresionistas y surrealistas, mostrando tal cual lo que representa la metamorfosis, haciendo hincapié a la transformación que sufre el personaje principal y quizás la misma transformación que vivía en carne propia el autor.
Al menos, esto es lo que refleja Kafka en algunas notas y cartas que dirigió a su novia Felice Bauer, en las que le informaba sobre los avances que tenía con sus obras maestras y en lo mal que se encontraba emocionalmente.
Inicialmente, el autor había ordenado a su mejor amigo y consejero literario Max Brod que cuando el muriera quemara todos sus manuscritos, sin embargo, éste desobedeció, pues todos sus escritos fueron publicados y mejor que todo ello, fueron altamente reconocidos por la gran particularidad y éxito obtenido.
El amigo de Kafka intentó explicarle a su novia Felice Bauer, que el autor pasaba por una mala época y que sus padres no eran conscientes de que para un ser excepcional como él “son necesarias condiciones igualmente excepcionales con objeto de que su delicada espiritualidad no se marchite”.
Pero para poder entender eso, les dejamos los escritos más personales e intrigantes que dejó Franz Kafka referente a su mayor obra maestra en noviembre de 1912.
En la primer nota, destaca:
“Mi vida, en el fondo, consiste y ha consistido siempre en intentos de escribir, en su mayoría fracasados. Pero el no escribir me hacía estar por los suelos, para ser barrido”, explicaba que se le había ocurrido otro cuento, el cual lo llevaba asediando desde “lo más hondo de sí mismo”.
“También al héroe de mi cuento le han ido hoy las cosas excesivamente mal, el cuento te dará un miedo espeluznante”, decía.
En una nota posterior, el autor insistió con que la obra era espeluznante: “Mi amor, pero qué extremadamente repulsiva es la historia que acabo de apartar a un lado para recuperarme pensando en ti. Ha avanzado ya hasta un poco más de la mitad, y en conjunto no estoy descontento de ella, pero en cuanto a nauseabunda, lo es de un modo ilimitado, y cosas como esas, te das cuenta, provienen del mismo corazón en el que tú habitas y toleras como morada”.
Si, bien Kafka creía que su obra era nauseabunda, tal vez tenía razón y cuando hablaba así de su pieza, pero lo que realmente llama la atención es la particularidad con que aborda el texto, el cual lo baña en un sutil humor, mismo que puede generar en algunas personas miedo, repulsión y a otros muchos, les inspira ternura, simpatía por el personaje y hasta en ocasiones una cierta complicidad.
Jordi Llovet, quien se encargó de editar las obras completas de Kafka en español, comentó al respecto que “El sentido literal de un relato no es más que un armazón que sugiere, sino fuerza, una actividad interpretativa; y esa actividad no es sólo laberíntica, sino interminable”.
Y esto es ciertamente algo evidente en la obra de “La metamorfosis”, pues conforme se va leyendo la narración, van surgiendo hipótesis muy diferentes sobre el sentido de lo que se cuenta. Por lo que podría tener miles de interpretaciones.
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