
CIUDAD DEL VATICANO, 17 de abril (Al Momento Noticias).- El Papa Francisco lavó este Jueves Santo los pies de 12 discapacitados de diversas edades, nacionalidades y religiones, durante la misa que recuerda el pasaje bíblico de La Última Cena, en un centro para enfermos de Roma.
Este año el líder católico mantuvo una costumbre que tenía desde sus tiempos como arzobispo de Buenos Aires, la de celebrar el rito del lavatorio con los marginados.
En esta ocasión cumplió el rito en el centro “Santa María de la Providencia” de la fundación Don Gnocchi. Los discapacitados tienen edades entre 16 y 86 años, nueve de ellos son italianos y tres extranjeros.
El Pontífice lavó los pies de los discapacitados en un ritual antes de Pascua diseñado para mostrar su voluntad de servir como un “esclavo”.
El año pasado lo llevó a cabo en un centro de detención juvenil, entre ellos mujeres y musulmanes, sólo dos semanas después de haber sido elegido Papa y con ello empezó a definir su papado, de romper reglas, lo que desató críticas entre los católicos tradicionalistas, quienes señalaron que el ritual se realiza solo en los hombres, pues los 12 apóstoles de Jesús eran hombres.
Esta vez, Francisco se arrodilló, lavó, secó y besó los pies de los discapacitados, algunos de ellos en sillas de ruedas.
Antes, durante la Misa Crismal, instó a los sacerdotes católicos a vivir con alegría “incorruptible y misionera”, evitando convertirse en “suntuosos y presuntuosos”.
En la misa celebrada en la Basílica de San Pedro, señaló que los presbíteros son personas “muy pequeñas”, los “más pobres entre los hombres”, los “más indefensos” y “necios” si no se dejan guiar por Jesús.
“Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas”, insistió, en un largo discurso que pronunció no obstante que se le notó cansado y ronco.
En la homilía que recuerda la institución del sacerdocio, estableció que la alegría del cura “puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida” pero advirtió que, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas y siempre puede ser renovada.
Reconoció que él también pasó por momentos “apáticos y aburridos” que a veces sobrevienen en la vida sacerdotal, producto de momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce.
En esos casos, señaló, la alegría es “custodiada por el pueblo” que “es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría”.
Según el obispo de Roma esa alegría es protegida por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: “la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia”.
“El sacerdote es pobre en alegría meramente humana ¡ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo”, señaló.
“El sacerdote que pretende encontrar la identidad sacerdotal buceando introspectivamente en su interior quizá no encuentre otra cosa que señales que dicen ‘salida’: sal de ti mismo, sal y dale a tu pueblo lo que te fue encomendado, que tu pueblo se encargará de hacerte sentir y gustar quién eres”, agregó.
Solicitó a los pastores obediencia y disponibilidad, características que harán de la Iglesia una casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de bondad para los enfermos, campamento para los jóvenes y aula para la catequesis de los pequeños de primera comunión.
“En este jueves sacerdotal le pido al señor Jesús que haga descubrir a muchos jóvenes ese ardor del corazón que enciende la alegría apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado”, ponderó.
Poco antes de las 9:30 horas (7:30 GMT) el líder católico ingresó al templo, que se encontraba lleno, enfundado en una casulla color blanco y se dirigió hasta el altar mayor, donde dio inicio al rito.
Durante la eucaristía, que el pontífice presidió con decenas de clérigos, todos renovaron sus promesas sacerdotales. Además fueron bendecidos los óleos para los sacramentos del bautismo y de la confirmación del próximo año.
El Viernes Santo el pontífice presidirá en la Basílica de San Pedro la ceremonia de adoración de la santa cruz, y por la noche encabezará el víacrucis en el Coliseo Romano.
Para la noche del sábado tiene prevista la Vigilia Pascual en la basílica vaticana y el mediodía del domingo dirigirá su bendición “Urbi et Orbi” (A la ciudad y al mundo) desde el balcón central.
AMN.MX/bhr
