
MATAMOROS, 16 de abril (Al Momento Noticias).- Tamaulipas es un estado del noreste de México que colinda con Estados Unidos y cuenta con múltiples pasos fronterizos por los que se trafican drogas y armas, generando con ello una guerra constante entre El Cártel del Golfo y Los Zetas, lo que llena su aire de pólvora.
Desde esa entidad, cuya tasa de asesinatos duplica la media del país, tres personas, una alcaldesa, un periodista y un general contaron al diario español “El País” cómo es vivir amenazados por el narco.
Sabíamos que el narco iba a atacar: Leticia Salazar
La alcaldesa de Matamoros, Noma Leticia Salazar Vázquez, de 37 años, nacida y criada en esta ciudad fronteriza, es consciente de los problemas que la aquejan y está dispuesta a luchar hasta la muerte por devolver la seguridad a la ciudad.
Una de sus primeras acciones como alcaldesa fue liquidar a la Policía Municipal, la cual, asegura, se encontraba a las órdenes del narco.
Purgó de corruptos los departamentos más sensibles. Hizo de la seguridad su bandera. En la capital del cártel del Golfo, algunos creyeron vislumbrar una nueva etapa. Su nombre comenzó a ser conocido, pero pronto también sus sombras: su mano derecha fue detenido por fraude al fisco, y la unidad paramilitar encargada de la seguridad cayó involucrada en el asesinato de tres jóvenes estadunidenses.
El fango de Matamoros empezó a burbujear a su alrededor. Y fue entonces cuando el Cártel del Golfo apuntó contra ella. “Sabíamos que iba a atacar”, rememora Salazar.
El domingo 8 de marzo a las 20:10 horas, la camioneta en que viajaba la política emanada del PAN fue emboscada y ametrallada por varios sujetos, pero Salazar Vázquez y su escolta lograron llegar al Ayuntamiento, donde se refugiaron tras el ataque.
De la emboscada asegura que no le han quedado secuelas y que prefiere mirar adelante. “Para llegar hasta donde Dios me lleve”. En Lety Salazar, nieta de una pastora de la iglesia Templo Aposento Alto y ella misma una evangelista, la fe es un arma lista para disparar.
Semanas después del atentado, la alcaldesa que sueña con ser gobernadora de Tamaulipas, se encuentra llena de vitalidad y ambición por seguir con su tarea al frente de Matamoros, con la libertad como bandera.
Cuando la tortura terminó, Enrique Juárez supo que debía abandonar Matamoros para siempre
A su vez, Enrique Juárez, director del diario “El mañana de Matamoros” recibió el pasado 4 de marzo la noticia de que los ejemplares de su periódico no habían llegado a la ciudad después de publicar en su primera plana a cuatro columnas una nota sobre un enfrentamientos del narco titulada “Combates: 9 muertos”.
La información detallaba, sin dar el nombre de los cárteles, el horror habitual de Tamaulipas: tres días de asedios en zonas urbanas y carreteras, cuatro ciudades bloqueadas por los sicarios, enfrentamientos a tiros con las fuerzas de seguridad, avenidas principales cortadas con trailers para desvalijar a los conductores, cadáveres en las cunetas… La verdad que nadie cuenta ya en Matamoros, condensada en una primera página. Un desafío que al cartel del Golfo no le pasó inadvertido.
La camioneta que transportaba los diarios había sido interceptada por varios sicarios, por lo que Juárez decidió rescatar sus impresos, que llegaron a los quioscos a las 11:00 de la mañana. Cinco horas después dos sicarios irrumpieron en las instalaciones del periódico, metiendo al director en un vehículo, donde lo golpearon y amenazaron.
Cuando la tortura terminó, Juárez supo que debía abandonar para siempre Matamoros. Se quedó en el periódico hasta las ocho de la tarde y, ya de noche, cruzó la frontera con Texas. Ahora, sentado en un bar de Brownsville, tomando a sorbos lentos una cerveza, se pregunta cuándo se perdió la batalla.
“Hace mucho tiempo que dejé de entender”, murmura. En su relato emerge un universo derrotado por la violencia, donde el lenguaje se ha corrompido y a la víctima se le llama abatido, y a los sicarios,civiles armados; donde quienes se atreven a contar lo que ocurre, incluso anónimamente o a través de las redes sociales, son localizados y exhibidos muertos en su propia cuenta de Twitter, como fue al caso de la doctora María del Rosario Fuentes Rubio, quien fue secuestrada y asesinado en octubre pasado.
“Tengo la vana esperanza de que algún día se arreglen las cosas y podamos hacer periodismo, porque lo de ahora es pura simulación; los cárteles, las autoridades, la gente lo saben; todos simulan”. A sus 51 años, Enrique Juárez es consciente de que jamás podrá regresar a Matamoros, pero sueña, como cualquier periodista, con volver a informar.
El general Arturo Gutiérrez García tiene la muerte por sombra: El País
El general Arturo Gutiérrez García, secretario de Seguridad Pública en Tamaulipas, dirige desde su cuartel en Ciudad Victoria, una constante ofensiva contra el narco en el estado, cuna de los cárteles más sanguinarios de la historia de México.
Su puesto de mando es un fortín de ocho hectáreas, con un muro perimetral de cinco metros de alto, por el que asoma la agreste sierra Maestra. A la entrada, un cartel recuerda a Calderón de la Barca: Aquí la más principal / hazaña es obedecer... Esa es la consigna. Cueste lo que cueste. Y cuesta.
Gutiérrez García considera que los cárteles en México y más específicamente en Tamaulipas, están bien organizados y jerarquizados, por lo que son necesarias la inteligencia y disciplina para enfrentarlos.
Para Juan Martínez Ahrens, autor del reportaje de “El País”, el general tiene la muerte por sombra, ya que su jefe de Inteligencia, el coronel Salvador Haro Muñoz, fue asesinado el año pasado, pocas horas después de haber llegado al cargo, cuando 20 sicarios lo acribillaron mientras viajaba en su vehículo.
También, el general Ricardo César Niño Villareal, encargado de la zona norte, fue asesinado meses después junto con su esposa, pese a ello. Según el general Gutiérrez García, lo ejecutaron porque no se dejó coptar.
No obstante, el militar emprendió una feroz persecución contra el crimen organizado, lo que considera ha sido fundamental para que la ciudadanía vuelva a denunciar.
Pero el general no se engaña. Sabe que en un territorio con 17 pasos fronterizos a Estados Unidos, cuna de los dos cárteles más sanguinarios de la historia de México, el fin de la violencia es una quimera. Ahí fuera, más allá de los muros de su fortín, aguarda el enemigo, esa fiera que espanta al mundo y ha convertido Tamaulipas en un humeante cráter de calles abandonadas y miradas huidizas.
Para enfrentarse a ese ejército bárbaro, Gutiérrez confía en la disciplina y la inteligencia. O como él resume con una amplia sonrisa: “Mejor tener dos huevos, que uno”.
AMN.MX/ogm/bhr
