Los vendedores “amigo”

Los vendedores “amigo”

Mi ciudad es un lugar que, al no tener industrias u otro detonante económico, tiene que arroparse en el comercio para dar trabajo y sustento a todos sus habitantes; sin embargo, dejando de lado a las grandes tiendas departamentales y supermercados, que cuentan con una estrategia de ventas definida por sus eficientes departamentos de marketing y planeación empresarial, tenemos que la mayor parte del comercio en Xalapa se da en pequeño o se encuentra en el sector informal.

Esto da pie para encontrar mil modos de vender u ofrecer productos y servicios; unos bastante trillados y otros verdaderamente creativos.

Y cada quien, dependiendo de lo que venda tendrá su destreza personal para llevar a cabo su labor; de esto yo he visto a algunos que serían capaces de venderle hielo a los esquimales. Iztchel (espero que así se escriba), propietaria de una tienda de ropa en el centro de la ciudad, es una muestra viviente de lo anterior. Vamos a suponer que llega a su establecimiento una clienta gordita y le pide un vestido que le disimule la barriga, ella inmediatamente sacará, quién sabe de dónde (el local no es grande, ni el inventario es extenso, pero sí de buen gusto), diez vestidos diferentes que −según sus palabras− harán lucir a la gordita espectacular; si fuesen drapeados, le disimularán las protuberancias; si fuesen pegados la estilizarán, si en cambio fueran sueltos, ocultarán lo necesario; si fuesen cortos le alargarán la figura, si largos le harán lucir elegante; el chiste es que todos le quedarán, todos le favorecerán y la clienta no se irá sin comprar o de perdida, dejar apartado alguno. Si después, entrara a la tienda una clienta que fuera muy delgada, los argumentos serán los mismos pero al revés, el drapeado le dará volumen, los pegados darán un efecto de grosor, los sueltos la rellenarán, los cortos le favorecerán por sus piernas delgadas y los largos las cubrirán si es necesario. Ella lo hace todo sonriendo y sin forzar la amabilidad, que en estos tiempos en donde todos los vendedores son nuestros “amigos” se agradece.

Y es que esto del “amigo” “amiga”, que es un recurso inventado por quién sabe quién, y que resulta a ratos fastidioso porque se oye falso y no convence a nadie –al menos a mí no− ya es como una plaga. Y lo mismo lo ocupa el que vende discos piratas, que el que ofrece verduras en el mercado, lo que me remite a comprobar, una vez más, que no todos los que se dicen tus amigos lo son de verdad; y para ejemplo basta un botón.
Ayer fui al cine y el taquillero me dijo − ¿Para qué función amigo?...  ¿tiene tarjeta de cinéfilo frecuente amigo?... ¿algo más amigo?
Yo me extrañé, pero más aun cuando, dentro del cine, la de la dulcería (que también era mi “amiga”) me dijo: − ¿Qué te doy amigo?− Yo, todo ciscado, le contesté –Unas palomitas.  −Tenemos combo grandes, extra grandes, ultra grandes, mega grandes y súper grandes ¿De cuál te doy amigo? −Deme unas grandes a secas –le dije−. −Grandes no hay amigo; tenemos combo, extra, ultra, mega y súper grandes, ¿de cuál te doy amigo? − ¿Las combo grandes serían como las grandes no? –Le pregunté ya casi empalagado de tanta amistad−. −No amigo, grandes no hay; tenemos combo, extra, ultra, mega y súper grandes, ¿de cuál te doy amigo? –Me repitió−. − ¡Sólo quiero unas grandes; no combo, extra, ultra, mega o súper grandes, sólo grandes! –le dije, ya a punto del síncope−. Ella me miró casi con desprecio y dijo −Te voy a dar las combo-grandes amigo; ¿algún refresco para acompañar tus palomitas amigo? Tenemos combo, extra, ultra, mega y súper grande, ¿de cuál te doy amigo?...
Sobra decir que las palomitas me las baje a pulso

Alejandro Hernández y Hernández
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