“La televisión es el primer sistema verdaderamente democrático,
el primero accesible para todo el mundo y
completamente gobernado por lo que quiere la gente.
Lo terrible es, precisamente, lo que quiere la gente.”
Barker, Clive
Mi ciudad es culta como lo era Atenas en la Grecia antigua, eso se dice y por ello es conocida como la Atenas veracruzana. Hay aquí un sinnúmero de entidades educativas que avalan este sobrenombre y, además, pululan por sus calles cientos de intelectuales que, de ponerse de acuerdo, podrían cambiar el mundo. Lo malo es que no se ponen de acuerdo ni para pagar sus cuentas en los cafés, cuando discuten la inmortalidad del cangrejo y de otros temas trascendentales para la humanidad.Por lo anterior expuesto no resulta raro que aquí la gente de valía reciba, por méritos propios, maestrías, doctorados y demás títulos académicos, que enaltecen la innegable vocación de la ciudad. Pero no siempre es así, pues vean lo que pasó hace unos días.
En una circunstancia de esas raras que se da sólo cuando se está al borde del fin del mundo, como ahora nosotros gracias a los mayas y su pesimismo, una universidad que no ha dado todavía ni un licenciado a la sociedad xalapeña —porque apenas tiene dos años de creada, no porque no los pueda graduar—, púsose de acuerdo en los interiores de su cuerpo académico y decidió otorgar un doctorado en caliente. Así de espléndidos son. Obvio ese doctorado no podría ser mas que por méritos, es decir un Honoris Causa que le llaman.
Por esas cosas extrañas que algún día los sociólogos descubrirán, en México de un tiempo para acá los quehaceres de la política, y de la función pública en todos sus ámbitos, se han ido ligando a la farándula, por lo que éstas se han fusionado de tal manera que ya no se sabe dónde empieza una y en dónde termina la otra. Y será por esa manía tan de moda —políticos casados con actrices, cantantes casadas con gobernadores, locutoras metidas a alcaldesas, etcétera— que a alguien (seguro al rector, ¿a quién más?) de esa universidad de la que les hablo, de la cual no quiero decir su nombre pero que empieza con Universidad, continua con Popular, luego con Autónoma y termina con de Veracruz, se le ocurrió que era buena idea darle el primer Honoris Causa a una periodista de la tele. Tomando en cuenta sus méritos académicos e intelectuales —leer las noticias que le pasan en boletines, conducir “reality shows” y anunciar (en forma de animación) supermercados—, se dispuso que el doctorado primogénito que de esa universidad saliera fuera para la periodista, conductora, qué digo locutora, comunicóloga, Adela Micha. ¿Sí se notó que parodié a la susodicha?
La idea no sonaba mal, pues en esta nueva farándula política-cómica- mágica-musical, cualquiera que se ponga la mano en la barbilla mientras lee una escaleta televisiva bien puede pasar como un súper intelectual, sobre todo si la mayoría de la población no tiene ni idea de cuáles son los subjetivos métodos que se emplean para la mencionada nominación ni, tampoco, qué es o con qué se come un intelectual.
El caso es que se dispuso toda la parafernalia y en solemne sesión se procedió a otorgar el mentado Honoris Causa. Henchidos de orgullo, y con lágrimas en los ojos algunos, los dadores del cuasi nobiliario título se desvivían en atenciones para la recibiente cuando, ¡maldita sea su suerte!, de entre el público asistente dos mozalbetes, con ideas políticas muy contrarias a los otorgantes del reconocimiento, alzaron la voz —y los huevos— y en un acto de barbarie nunca visto en esta conservadora ciudad de Xalapa —que hay que ser un bárbaro en toda forma para tirar huevos estando tan caros—, le lanzaron dos blanquillos a la conductora que, como las aves que cruzan el pantano y no se manchan, salió impoluta de la agresión. Acto seguido echaron a correr, se saltaron la cerca del recinto en donde se llevaba a cabo la ceremonia y se subieron a un camión suburbano. Calles más adelante las fuerzas del orden montaron un operativo, detuvieron el camión y atraparon a los dos “ovoactivistas”. Dicen que cuando los estaban bajando uno de ellos dijo: “¿Dónde están los cafres cuando se les necesita?” y le lanzó una mirada de reproche al chofer; éste sólo contestó parafraseando al general Anaya: “Si no hubiese tantos pinches baches no estarían ustedes aquí”.
Yo, apenas me enteré de los hechos me enojé mucho, es más, me indigné tanto que hasta el aguacate que le puse a los molotes que me desayuné ese día me hizo daño. Es por eso, estimados lectores, que desde esta humilde tribuna condeno enérgicamente lo que ha ocurrido con Adela Micha. Miren que darle un doctorado, ¿pues en qué cabeza cabe?
Alejandro Hernández y Hernández
Comentarios, sugerencias o reclamos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.