Algo tiene la silla presidencial que quien se sienta en ella, empieza a padecer el síndrome del: no entiende que no entiende y el presidente López Obrador, ‘con todo y que no es igual’, no escapó del embrujo...su terquedad de impulsar obras faraónicas sin consensarlas, comienzan a topar con pared...revisen el dato, nos cuenta la columna Confidencial de El Financiero: “Reclama el EZLN por el Tren Maya. Quienes no tardaron en lanzar su indignación por el Tren Maya y sus banderazos de arranque fueron los encapuchados del EZLN. Argumentan que la obra no sólo desafía la voluntad de los pueblos, sino que representa la deforestación de miles de hectáreas de selva, daños irreversibles a la flora y la fauna, vamos, “una declaración de guerra”. En la carta pública que emitieron, concluyen: “El encierro no nos calla, resistimos y nos organizamos”. López Obrador sostiene que el proyecto traerá justicia al sureste mexicano y protegerá el medio ambiente”