De peluquerías para hombres

De peluquerías para hombres

 

Mi ciudad, siendo tradicional como es, no puede sustraerse a la innovación obligada en todas las actividades que los seres humanos hacemos —o hacíamos—, como parte de nuestro cotidiano devenir. Esta innovación, tarde o temprano, se vuelve exterminio y cambio para unas y para otras.

Pongamos por caso, y para saber de qué estoy hablando, a las peluquerías; las que eran para hombres —machos, bragados, fuertotes— y que ahora ya casi desaparecieron cediendo el paso a las estéticas unisex.

Yo recuerdo que mis primeras “peluqueadas” me las daba un tipo bien peinado, que tenía su peluquería en el centro, casi enfrente a donde se quemó el Cine “Lerdo”, en Altamirano y Clavijero; éste usaba una filipina impoluta, navajas alemanas a las que les asentaba el filo en una tira de cuero que pendía de un sillón, mullido, hidráulico, de posa pies “garigoleados” a los que yo no alcanzaba, y menos porque me ponía un cojín duro para no tener que agacharse al momento de empujarme la cabeza, en una posición anti natura que, sin embargo, le permitía dejarme una línea de corte en la nuca casi perfecta. Después, el bien peinado se metió a la política, llegó a alcalde de su pueblo y dejó el oficio. Acudí después, durante mucho tiempo, con uno que todavía ejerce en la calle de Lucio —tal vez el último que he visitado y visitaré, pues habiendo adoptado el look “skinhead”, he prescindido de este servicio—.

Sí, es verdad que alguna vez se me ocurrió acudir a una estética, pero el rito viril, recio y muy masculino no podía ser igual ahí que en una peluquería de papelito en el hombro para limpiar la navaja y agua de colonia corriente sobre la nuca irritada. Y mucho menos cuando, esa única vez, me abandoné a los suaves devaneos de los dedos de la estilista entre mi, entonces, abundante cabellera, mismos que lograron que el corte nunca saliera como yo se lo pedí. Pero, ¡qué diablos!, sus manos eran tan suaves, e inútiles cabe agregar.

En las peluquerías se aprendían albures, conocía uno “movidas” —casi siempre fantasía pura— de los que conversaban a grito abierto con el peluquero; se leían semanarios políticos —nada que ver, como en las estéticas, con los “Vanidades” y “Cosmopolitan”; que dicen: “Hazle a tu hombre algo que nunca olvidará.” (¿Plancharle una camisa?, ¿no quemar la comida?, ¿qué, que sea digno de recordar?) —.

Y los más jóvenes clientes, ya sin mamá esperándonos, conocimos en las páginas de unas revistas que el barbero guardaba en un lugar especial, para clientes de gustos exigentes o de novatos ansiosos, las primeras imágenes de hermosas mujeres, irreales —hasta esa edad insospechadas— en su desnudez y en su impudor. Ahí aprendimos, a los doce años, a decir frases de adultos: “Pues aquí ‘maestro’, nomás pasándola…”; “Sí ‘maestro’, ya me tocaba; pero es que he andado algo ocupado…”. Ahí osamos, por vez primera, retar el: “Le dices al peluquero que rebajadito, ¿he?” y pedimos, casi altaneros: “un poco más allá”, “menos acá”, “más patilla”, “más larguito”, etcétera. Ahí, valía la pena esperar por un “corte de hombre”; que era obligado antes de cada ciclo escolar, al principio de mes, en la navidad y antes de la primera cita —esa que fue el peor fracaso—; de las que le siguieron —que fueron épicas cruzadas para vencer la timidez, los brazos largos que se atoraban en donde sea, las palabras que se hacían nudo con el cambio de voz y el miedo de vernos en unos ojos mansos que, en ese momento, eran como los de un tigre a punto de devorar a su presa— e indispensable, antes de sacarse las fotos para la cartilla, el certificado de la preparatoria o para el diploma de graduación.

Algunos lugares tienen el don de hacernos viajar en el tiempo; una peluquería es uno de ellos.

Comentarios, sugerencias o reclamos: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Opiniones


Insoslayable Brevedad Javier Roldán Dávila
El camino minado de Ahued
Bitácora / Miguel Angel Cristiani
La reforma del Poder Judicial

Columna Sin Nombre / Pablo Jair Ortega Ibas bien, Ahued...pero te faltaron...

#SocialmediaListos /Claudia Cruz García
Empoderamiento digital femenino: la brecha que persiste

Indice Político / Paco Rodríguez
Inseguridad… ¡y sin justicia!

Rúbrica / Aurelio Contreras Moreno
A la chingada todos 

Videos

Más Videos
Watch the video

Veracruz

Más Artículos

México

Más Artículos
alojamiento wordpress

Espectáculos

Más Artículos

Mundo

Más Artículos

Ciencia y Tecnología

Más Artículos

Deportes

Más Artículos

Salud

Más Artículos