A lo que sigue señores

A lo que sigue señores


Mi ciudad vivió con gran responsabilidad cívica la jornada electoral de este 1º de julio, manifestó su voluntad y, bien o mal, eso sólo el tiempo lo dirá, eligió a quienes creyó que eran los mejores candidatos para diputados, senadores y presidente de la República.

Ganaron los que tenían que ganar porque las matemáticas son exactas —como se hayan sumado los factores es otra cosa—, así que, como dicen por ahí, ya ni llorar es bueno.

¿Qué sigue ahora? Pues como dice el dicho: A otra cosa mariposa.

 

El país requiere de mucho trabajo y no es este el momento de ponerse a perder el tiempo lamiéndose las heridas de la derrota —para quienes se sientan derrotados e injuriados por el sistema—. Si bien es cierto que nuestra democracia es una democracia imperfecta —aquí gana el que obtiene el 20 % de los votos del padrón electoral—, no deja de ser un juego que jugamos conociendo las reglas y en el que hay, por fuerza, un ganador y varios perdedores.

 

Las enseñanzas de esta elección son muchas. Entendimos que las encuestas no son confiables y que seguramente las encuestadoras tendrán que replantear sus modelos estadísticos, pues para la presidencia daban 15 puntos de ventaja del candidato ganador sobre sus rivales y en la realidad sólo fueron 5 ó 6 con respecto al segundo lugar.

Hoy más que nunca ha quedado claro que el sistema electoral que tenemos está incompleto si no se reforma la ley y se instituye una segunda vuelta electoral, pues no es posible que se hable de mayoría, cuando los porcentajes de aceptación de quien gana no incluyen siquiera a la tercera parte del electorado. Esa no es democracia de ninguna forma.

Otra cosa en la que debemos reflexionar es en que nos sobran partidos políticos; estamos gastando millones en mantener organizaciones cuasi mafiosas que, vía coaliciones o mediante el respaldo clientelar de sindicatos poderosos, se cuelan a la contienda política, y al presupuesto del IFE, sin representar a sectores verdaderamente importantes de la sociedad. No debemos permitir más, diría un político de triste memoria, “chiquitaje”, porque nos cuesta mucho dinero, antes, durante y después de las contiendas electorales.

Mención aparte merece la participación de un sector que los políticos siempre habían dado por muerto: los jóvenes. Se demostró que no todos los muchachos son, como alguien los ha llamado alguna vez, “ninis”, y que si bien su participación en esta contienda fue un tanto visceral, muchos de ellos demostraron conocimiento de lo que pasa en el país y preocupación por cómo se resuelven los problemas de México.

Dudas quedan muchas luego de tanto spot y tanto dinero gastado en los partidos políticos: ¿Verdaderamente necesitamos ese bombardeo mediático? ¿Aumenta la participación ciudadana de calidad con tanto y tan repetitivo infomercial partidista? ¿No es insultante tanto gasto en suvenires electorales habiendo tantos pobres? Es obvio que no y que estamos gastando mucho y a lo tonto. Urgen reformas.

Noventa días de campaña efectivos, más los años anteriores en que las “piezas” del ajedrez político se estuvieron acomodando, fueron como correr una parranda monumental de la que hoy se sufre una resaca la cual hay que superar lo antes posible.

México no necesita más divisionismo, necesita mayor participación ciudadana, esa que fue patente en las urnas este pasado domingo y que de ahora en adelante debe traducirse en exigencia de cuentas y de resultados.

No debemos olvidar lo que prometieron los que ganaron, no debemos dejar otra vez que los políticos hagan lo que quieran; la democracia también se trata de exigir resultados y cuentas claras. Los mexicanos estamos cambiando y ya vamos entendiendo que mandatario no es el que manda sino el que es mandado. Acordémonos de eso y exijamos a nuestros diputados y senadores las reformas que hacen falta ya.

La elección terminó, el que ganó, ganó y a lo que sigue señores que el país no se puede detener.

Alejandro Hernández y Hernández
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