Mi ciudad, como polo educativo que es, en estos días parece entrar en un periodo de paz. Las vacaciones escolares de verano han llegado.
Aunque esto es nomás por encimita, pues en sus entrañas, es decir, en el interior de las casas, la actividad parece incesante. Los niños están en ellas todo el día, sus madres enloquecen y sus padres procurarán salir (huir) más temprano a trabajar.
¿Qué hacer con ellos?, ¿cómo entretenerlos?, ¿quién podrá ayudarnos? Ni el Chapulín Colorado podría, en primera porque ya no ejerce, y en segunda porque los hijos que ahora brincotean encima de los sillones y de las camas no son suyos. Así que, señora, señor, improvisen, planeen y dispónganse a hacer algo para aguantar hasta el inicio de las clases.
Si son de posición acomodada (económicamente hablando, pues hay familias que dicen que lo son porque en una casita del INFONAVIT viven diez) siempre podrán recurrir a los salvadores cursos de verano.
– ¿De qué? –Dirá una comadre a otra, preocupada. –De lo que sea manita, el chiste es salir del problema. –Responderá aquella con los pelos de punta y cara de burócrata en sábado, a las seis de la mañana y saliendo del Table. Y en lo que se oferta para deshacerse, perdón, ver por el entretenimiento de los chamacos, hay mucho de dónde escoger: baile, modelado, pintura, danza, natación, etcétera.
En verdad si puede mandarlos que vayan; sugiero yo —con la concha de quien no tiene hijos (o al menos no que se me hayan comprobado)— cualquier cosa es mejor que dejar que se la pasen mirando televisión todo el día. Se les puede secar el cerebro, créame.
Nadie, al menos no que yo conozca, soportaría los nefastos “animes” japoneses con su caterva de “Gokús” y “Pokemones”, sin sufrir un ataque epiléptico. Mucho menos creo que haya quien pueda soportar tres días seguidos programas como la Rosa de Guadalupe, el de la señorita (¿?) Laura o los “atinados” comentarios de las señoras que salen en ese bodrio de revista que se llama Hoy. Aunque a lo mejor, si usted quiere que sus hijos sean políticos en el futuro, les sirva de algo ver a estas “personalidades” y mirar cómo para unas cosas tienen una moral y para otras tienen otra.
Pero no tema que hay cosas mejores, y si de algo le sirve una sugerencia, querida lectora, lector, procure unas vacaciones entretenidas y educativas para sus hijos; piense en el deporte como alternativa, pero eso sí, practíquelo con ellos. Nada se recuerda más (y mejor) en la vida, que nuestros padres como compañeros de juegos y aventuras. Pero no dirija, encamine; no mande, sugiera; no exija, comparta y acompañe, sólo eso.
Considere también algo que les servirá para hacerlos seres pensantes y más inteligentes: la lectura. Regáleles ese mundo maravilloso que nunca dejarán de agradecerle cuando sean mayores; pero también hágalo usted. Lean juntos, comenten los textos, piensen en las alternativas de los desenlaces, por muy ñoños que le parezcan, si es que son pequeños los niños y lo que leen son cuentos infantiles; y si son más grandecitos, deles la oportunidad de opinar y de externar su criterio con libertad, se sorprenderá de sus razonamientos.
Vayan de “cacería” a las librerías; no es necesario gastar mucho, en las de segunda mano se encuentran auténticas joyas a precios de risa. Siempre será una experiencia increíble compartir el hallazgo de un libro interesante, sobre todo si la lectura de éste es compartida.
Hacer deporte y leer son los mejores antídotos contra la obesidad y la ignorancia, males modernos que aquejan a nuestros infantes y jóvenes. ¡Vacúnelos ya!
Alejandro Hernández y Hernández
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