El gran tirano de la creación

El gran tirano de la creación



Mi ciudad se encuentra enclavada en una zona estratégica, que lo mismo está cerca del mar que de la montaña. Esto permite —a nosotros y a quien nos visite— disfrutar de variados climas, conocer una gran diversidad biológica, deleitarse con la gastronomía de sus regiones y aprender de su pluralidad cultural. Esto último comprende tradiciones con raíces españolas, francesas, africanas, indígenas y mestizas.

En las faldas del Cofre de Perote, y como ejemplo de lo que es el sincretismo cultural y religioso, se encuentra enclavada la ciudad de Xico. Ahí se celebra, el día 22 de julio, a la Santa María Magdalena con una elaborada parafernalia que incluye procesiones, grandes comelitones, tapetes de aserrín pintado, bailes y una especie de pamplonada, que los lugareños han dado en llamar “xiqueñada”. Esta consiste en soltar toros bravos por las calles.

A diferencia de lo que se hace en la ciudad española de Pamplona, que es correr, en un tramo de 849 metros —que cuando más se hace en cinco minutos— con una partida de toros por las calles hasta la plaza para que sean lidiados, en Xico se sueltan sólo para que la gente se “divierta” con ellos durante horas.

En ese tiempo los animales son acosados, maltratados y forzados a embestir para regocijo de los asistentes —el júbilo aumenta si alguno de los “espontáneos” es cornado—. La tortura para estos pobres animales va desde piquetes con palos por todo el cuerpo, hasta los golpes con objetos en la cara y en los ojos, pasando por la fractura de sus colas cuando los “toreros” tiran de ellas.

Esta costumbre, disfrazada de tradición, sólo pude ser catalogada como un verdadero homenaje a la barbarie, a la violencia y a la falta de sensibilidad ante el dolor de un ser vivo.

Contrario a lo que la gente piensa, el toro no es un animal bravo por naturaleza —en el erróneo concepto de bravura como: ataque sanguinario y sin control—, si acaso, como tantos otros animales —aves, peces, insectos, etcétera—, es territorial.

La circunstancia de sus embestidas obedece a lo siguiente: antes de salir a las calles el toro ha sido sometido a un encierro en un cajón oscuro para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz. La condición natural del toro es huir NO atacar. Los “valientes” que desafían sus embestidas saben que el toro es virtualmente corto de vista, pues no ve en colores y sólo sigue la capa delante de él por su movimiento —por eso los toreros, en las plazas, pueden pararse desafiantes delante de él—. Por su biomecánica no puede girar en un palmo de terreno, lo que hace que el que lo cita, al cambiar bruscamente de dirección, pueda librarse de la acometida. Así también, el estrés que provoca su traslado le causa diarrea y lo pone en un estado de deshidratación que hace sus movimientos lentos y torpes. Aun con todo esto, es frecuente que llegue a cornear y mal herir a algún “valeroso” ebrio durante la “fiesta”. Sin embargo yo preguntaría ¿Tiene el pobre animal otra opción ante el acoso y el maltrato? ¿Usted, querido lector, no haría lo mismo si se viera —literalmente— entre la espada y la pared?

Y a los bárbaros y primitivos detractores —que existen por montones— de esto que acabo de escribir, sólo les quiero decir: el que se pone delante de un toro lo hace obedeciendo a una decisión propia, producto de su —quisiera pensarlo— inteligencia y capacidad de raciocinio, al toro lo ponen ahí y sólo le queda el recurso —instintivo y muchas veces inútil— de defenderse.

Para concluir: una pregunta para reflexionar ¿Es el hombre el rey o el tirano de la creación?

Hoy se vota en el congreso local la iniciativa de ley, propuesta por una xiqueña por cierto, para que este horror sea declarado Patrimonio Inmaterial y Cultural de Veracruz, espero que cuando menos por una vez nuestros diputados expresen un poco de sentido común y voten en contra. Veracruz no puede heredar al mundo barbaridades como estas o como las que se llevan a cabo en Tlacotalpan, durante el embalse de toros en las fiestas de la Candelaria. NO AL MALTRATO ANIMAL.

Alejandro Hernández y Hernández
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