El Señor quiere lo mejor para sus hijos

Diálogos con ‘El Negro Cruz’

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7:8

Comentábamos en la anterior reflexión la proclividad que tenemos, al estar en aflicción, de culpar o responsabilizar a otros de nuestros males, incluso, llegamos a la terrible apostasía de sentirnos olvidados del Señor.

Nada más falso.

Es preciso que recurramos a los Textos Sagrados y aprendamos a discernir, en La Biblia podemos encontrar respuestas a todas nuestras dudas, sobre todo, insisto, en los momentos difíciles.

El que pide, recibe, el que busca, halla y al que llama, se le abrirá, nos dice Mateo en su Evangelio. Y quien mejor que el publicano (recaudador de impuestos) Mateo, que dejó dicha posición de privilegio, para seguir la predica de Jesús de Nazaret, como uno de sus apóstoles.

Pero volviendo a nuestro tema, el versículo es contundente: si nos alejamos de Jehová, si no lo honramos y oramos como Él lo señala, no recibiremos porque no estamos pidiendo. Si no buscamos que nos cubra con su misericordia, no encontraremos Fe y por lo tanto paz. Por último, si no llamamos a Dios obedeciendo sus mandatos, nadie nos abrirá la puerta para inscribir nuestro nombre en el Libro de la Vida, el de la Vida Eterna.

El Todopoderoso nos ama, pero sólo pide que lo aceptemos en nuestro corazón y que, por supuesto, acatemos sus Leyes, que podemos encontrar, en una especie de concentrado, en los Diez Mandamientos, mismos que fueron escritos por su Dedo Divino.

Para darle sustento a lo que afirmamos, en el sentido de que Dios siempre nos dará lo mejor, recurramos de nueva cuenta al Evangelio de Mateo 7:9-11:

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?, ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?, Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Discernamos. Si en lo que corresponde a nosotros, que somos víctimas de la avaricia, del resentimiento, de la aflicción, no dudamos en otorgar lo mejor a los hijos que tenemos ¿Qué no hará el misericordioso y perfecto Señor con sus criaturas?
Por supuesto, nos llenará de bendiciones, pero atención, no esperemos que esto se traduzca tan solo en bienes materiales, no, claro que no. Lo principal que recibiremos será la iluminación para tener Fe, este maravilloso don del Espíritu Santo, aliviará cualquiera de nuestras dolencias.

Revisemos lo que nos dice Hebreos 11:33-34: “que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”.

No lo olviden: pidamos y recibiremos, busquemos y hallaremos, llamemos y seremos aceptados.

Reháganse en su Fe, no hay nada mayor que ello.

Me despido para la próxima, como mi recomendación de siempre: escudriñen La Biblia.