Diálogos con ‘El Negro Cruz’

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Salmos 86:5

Tiempos complicados, sin duda, los que vivimos, como ya lo hemos comentado en otras ocasiones en este espacio.

Por tal motivo, vuelvo a insistir, en que no debemos caer en la desesperanza, es necesario que ante las adversidades renovemos nuestra Fe y con ello, no abandonemos los caminos del Señor, que en muchas ocasiones nos resultan extraños. Es importante que tengamos preciso que para el Todopoderoso no hay distingos, todos somos sus hijos y podemos pedir la misericordia del Padre Eterno, sin el menor temor a ser rechazados.

Recuperando la idea inicial, por doquier que volteemos, las noticias son abrumadoras. Si no son desastres naturales, es la violencia desatada entre hermanos. A las anteriores situaciones, se agregan las dificultades económicas, el desempleo es grande y las mujeres y hombres de trabajo no ven prosperar sus negocios, en ese sentido, la aflicción se adueña, en buena medida, de sociedades completas.

Estas complicadas circunstancias, nos pueden hacer recurrir a charlatanes  que nos ofrecen soluciones mágicas, a los falsos profetas que buscan desvirtuar el actuar del Todopoderoso. Por ello, recuperemos lo que nos dijo con certeza El Salvador y que bien apunta Mateo 7:15: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.

Tengamos cuidado de toda la palabrería hereje, sabemos que el enemigo de Dios es hábil para la mentira y en nuestro dolor, busca confundirnos para que abandonemos las enseñanzas de las Sagradas Escrituras.

En esos instantes de duda, es indispensable que hagamos sin cortapisas lo que nos indica el libro de Salmos 86:8: “En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes”.

Pongamos atención, el Padre Celestial siempre, siempre nos responde, pero eso sí, es necesario tener confianza absoluta en Él, clamar su ayuda, alabarlo, guardar sus preceptos y jamás, bajo ninguna circunstancia, caer en la adoración de su malévolo adversario.

Además, en este contexto de apremios, nuestros problemas no deben impedirnos socorrer a quienes también pasan por situaciones de dolor que, incluso, pueden ser más trágicas que las propias. Pidamos misericordia, pero también extendamos la mano al prójimo.

Nos dice Hebreos 13:3: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”.

Aunque en ocasiones la indiferencia nos permea, seamos piadosos, obremos en consecuencia de lo que Jehová nos ordena, el egoísmo no puede cegarnos  y hacer que nuestro corazón se endurezca, eso no va de acuerdo con aquellos que buscamos arrepentirnos de nuestros pecados, en aras de lograr estar inscritos en el Libro de la Vida.

Así las cosas, por grandes que sean nuestros problemas, no vivamos en conflicto permanente, con nosotros mismos, con el prójimo y mucho menos con el Señor. En el momento en que el pesar nos invada, recurramos a la oración y, sobre todo, recordemos lo que nos indica Hebreos 13:5: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.”

No perdamos la Fe, renovemos nuestra alianza con Dios, siempre tengamos en la mente lo que a través de Salmos 91:1-2, Yahvé nos instruyó: “EL que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en él confiaré”.

Hermanas, hermanos, la Iluminación del Espíritu Santo descienda sobre ustedes, para que sigan con alegría y amor, los caminos del Todopoderoso.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.

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