Las “gordibuenas” son lo de hoy PDF Imprimir E-mail
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Alejandro Hernández y Hernández / Lunes, 03 de Septiembre de 2012 21:43

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No está mal ser bella;
lo que está mal es la obligación de serlo.
Susan Sontag (1933-2004)
Novelista y ensayista estadounidense.


Mi ciudad vive intensamente los tiempos que corren, tanto en lo cultural como en lo que a moda se refiere. Y de esto último nadie es tan esclavo y víctima de ella que las mujeres. En aras de lo que está en boga son capaces de vender su alma al diablo. En el pecado siempre llevan la penitencia y sus anhelos se convierten en sufrimientos perpetuos.

Peinados complicadísimos y tintes que vuelven el pelo un chicle; afeites y maquillajes de todos los colores y todas las combinaciones de plomo y mineral; zapatos “hermosos” que deforman el pie, pero que mantienen el ego casi tan alto como tan pronunciado puede ser un juanete, entre otras cosas, son lo que tienen que padecer. Sin embargo, todo lo anterior es pecata minuta si lo comparamos con la forma más sutil de tortura psicológica y física que la moda ha inventado: la talla cero.
Los comerciales de televisión, las fotografías en las revistas de moda y las pasarelas de los grandes diseñadores, exhiben mujeres irreales, espíritus femeninos que caminan sin que nadie sepa cómo es que sus piernitas los sostienen y cuyas imágenes, sin embargo, son tan poderosas que influyen en las otras mujeres que las miran y las envidian. Todas quieren estar, entonces, flacas como moribundas.
Mujeres del mundo, pero principalmente de México, bueno, no vayamos tan lejos, mujeres de Xalapa: no se equivoquen, esos cuerpos “espiriflauticos” ni son sanos ni son bonitos; es más, ni existen, o, ¿alguien ha visto una modelo de ésas de carne y hueso —en su caso nomás de hueso—? ¿No verdad?
En esto, desde luego, no se trata de encasillar a nadie por la forma de su cuerpo, pues a final de cuentas eso es tan segregacionista como el odio racial o la intolerancia religiosa; se trata más bien de romper los esquemas que esclavizan a cualquier persona a ser o estar de determinado modo. Así entonces, habrá que entender por principio de cuentas que la mujer mexicana, por sus condiciones morfológicas, no puede ser flaca como fideo. Ante las leyes de la genética, estarán ustedes de acuerdo, no se puede hacer nada… o quizá mucho. La aceptación de sí misma es el primer paso, una mujer con curvas debe sentirse tan mujer como cualquiera, más aun si tomamos en cuenta que los estereotipos de belleza siempre se reciclan, a capricho de sabrá Dios quién, y nunca serán un parámetro de salud y/o felicidad.
A lo que quiero llegar es que, digan lo que digan la televisión, las revistas o los diseñadores de moda, la realidad no se puede tapar con un dedo, o en este caso con un vestidito talla cero. La mexicana es un tipo de mujer a la cual podríamos llamar —permítaseme el término por favor— “gordibuena”. ¿Cómo es este tipo de mujer? No hay que explicar mucho, sólo repitan la palabra lentamente, así: “g-o-r-d-i-b-u-e-n-a”, ¿lo entendieron? Así son las mexicanas, con curvas pronunciadas, exquisitas, voluptuosas —otra palabra que se saborea cuando se dice—, sensuales, apretables… ¿Qué más? ¡Normales!
Ese es el punto, las mujeres reales no son “de talla grande” como dicen las etiquetas de la ropa; quizá para los convencionalismos del mundo de la moda sí, pero en realidad son mujeres estándares en el ámbito del resto de los mortales.
Es bueno cuidarse, lucir bien y estar en forma por salud, eso es innegable y no está a discusión; lo que no está bien es autoimponerse estereotipos imposibles de cumplir, vivir a dieta, obsesionarse con el peso y las medidas o, lo que es peor, caer en desórdenes alimenticios como la anorexia o la bulimia nomás por dar el tipo que está de moda. Ojala que identificarse con mujeres entradas en curvas ayude a la autoestima de muchas.
Y no se preocupen, ya llegarán los tiempos en los que el modelo estético Renacentista regresará a las pasarelas y las revistas. Porque, ¿quién en sus sanos cabales puede estar en contra de la sana y deliciosa redondez de unas caderas femeninas?
Las mujeres reales tienen curvas y yo, por lo pronto, hago esta declaración de principios: “Lo mío, lo mío, lo mío, son las ‘gordibuenas’ ¡Sí señor!”

Alejandro Hernández y Hernández
Comentarios, sugerencias o reclamos: motardxal@gmail.com

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